Mi amigo, con mi amiga

Iban a dar las once de la noche, cuando sonó el teléfono. Estaba viendo televisión con mi madre, y las dos nos asustamos por el ruido del celular.

Quién te llama a esta hora, preguntó. No sé. Espera que conteste, respondí. Ah, un amigo, dije.

Era Jorge.

Un tipo, loco y aventurero. Llego a mi vida y me sedujo. Encontré en sus angustias, mi sosiego. No era un amigo común, aun que aparentaba ser mi amigo con derechos, yo estaba enamorada del tipo. Así de simple, así de fácil.

Pero el en cambio, estaba enamorado de la vida. Y de muchas chicas ingenuas como yo. Lo cual nunca cambio lo que yo sentía por él. Lo acepte, como quién acepta lo inevitable. Sabiendo que te toca sufrir, pero también gozar, lo que tienes que gozar.

Era la primera vez que me llamaba a esa hora y en esas circunstancias. Me asusté al principio, pero después comprobé que andaba de fiesta.

Bandido, qué haces, le dije. Estoy en un bar, tomando. Respondió. Y eso que me llamas. Quería escucharte. Así, y por qué, pregunte.

Esas conversaciones me provocaban dos cosas, una calentura horrible que desembocaba en sus brazos y un inútil deseo porque algún día se enamoraría de mí. Sólo la primera pasaba.

Tengo ganas de ti, dijo con voz ronca y seca. Quiero meter mis dedos entre la humedad de tus deseos y saciarte hasta el cansancio. Uy que rico, le conteste. Quiero tenerte a mi lado en este instante, dijo.

Dime si tienes puesta la tanguita aquella que te regale, pregunto. No, estoy en pans y calzón de viejita. Voy a dormir, son las once de la noche, le conteste.

Naaaa, ahora comienza la noche. Voy por ti. Ponte aquel vestido azul, con los zapatos negros entrecruzados.

Cómo crees, le conteste. No puedo, mira la hora, qué le digo a mi madre.

Inventa algo, porque ya voy. Ya pagué la cuenta. Estoy en media hora. Dijo.

No vengas, le dije. No saldré. Da igual, estaré tocando a tu puerta toda la noche, si es necesario.

Vamos quítate esa ropa y ponte guapa. Vamos nena.

No quieres estar conmigo.

Si quiero, dije.

Su poder era extremo. Me solté el pelo, mientras hablaba con él, me puse el vestido que tanto le gusta y una chumpa de cuero que recién había comprado. Unos zapatos azules y un poco de pintura roja en los labios.

Mi madre cuando me vio, pego el grito en el cielo. Y tú qué haces, a dónde crees que vas, dijo en tono enérgico y desafiante. Vamos madre, ya regreso, voy a una fiesta. Pero mira la hora, agrego enojada. Con quién vas. No, hija es qué no.

Tranquila madre, voy con Jorge.

Ese vago hijodeputa que no tiene nada más que hacer. Seguro anda borracho. Traquila madre, vas a despertar a mi papá.

Que papá ni que ocho cuartos, dijo enojada.

Igual, me fui. Al salir, Jorge llegaba.

Hola nena, dijo, con el cigarro en la boca y una lata de cerveza en la mano.

Hola, dije. Me subí al carro sin más. Mi sorpresa fue que iban con Estefany. Hola tutis, me dijo atrás.

Me sentí mal. Qué hace ella aquí, pensé. Pero así eran las cosas con Jorge.

Ando caliente, dijo. Ah¡ qué raro, tu así.

Entonces tiro la lata de cerveza por la ventaja. Se acomodo y saco su pene erecto, mientras conducía con rumbo a San Cristóbal. No me crees. Mira, nena.

Que horrible. Y para eso me llamaste. Estefany, tu no pudiste consolarlo, le dije algo molesta.

Todas las expectativas que tenia se fueron a la basura. En realidad estaba decepcionada. Triste. Pensé en algo diferente.

El quiero coger, y cogernos a las dos. Estefany es mi amiga, pero hacer esto solo por complacer el deseo de alguien que no nos quiere, esta mal.

No nena, el quiere contigo, dijo Estefany.

Puta, vaya manera de demostrar, no crees.

Bueno, dijo en tono conciliador. Quiero con las dos. Que les parece.

Y qué putas, le dije. Paso dijo ella.

Qué comience la fiesta, entonces dijo él.

Terminamos en casa de Estefany bebiendo hasta que el viagra dejo de funcionar.

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