Magia

Fue algo mágico. Nunca unos labios me supieron a dulzura. Poco a poco me humedeció, hasta la mente. Nunca antes había experimentado algo así, pero ese hombre tenía un magnetismo enorme. Su lengua tenía una dosis de imán, que sincronizaba mis latidos con sus movimientos. No tuvo necesidad de tocarme. Ni de desvestirme. Yo lo hice porque mi cuerpo quemaba, era ahora o no era nunca. Así que con el leve control de la situación y lo sensual de su comportamiento, me puse a su disposición.

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