Los zapatos rojos

La primera vez que me calce unos zapatos de tacón alto tenía 17 años y estaba por terminar el bachillerato. Fue una extraña sensación que recorrió mi cuerpo y abrió mis deseos, aún cuando en principio no comprendí qué pasaba y me sentía incomoda con la nueva apariencia que me proporcionó algunos centímetros más de altura.

Con el tiempo la sensación que sentí se fue haciendo más evidente y la utilicé en muchas ocasiones a mi favor. Mis pies llamaban la atención. Y a los hombres, especialmente a uno, le encantaban. El era un fetichista del calzado y los pies de las mujeres y lo supo conmigo.

Eso me dio ventaja. Y así fue como me case. Cuando el descubrió mis pies y poso sus dedos sobre los míos la comunión entre ambos se consumo. Sus labios ha hecho todo el recorrido infinidad de veces, y pienso que sin ese trayecto, mi deseo nunca se hubiera abierto y tampoco los orgasmos que eso me provoca, fueran tan fuertes.

 

 

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