Los viejos tiempos

Me acuerdo bien cuando comencé a tener novios. Cada paso a la intimidad terminaba bruscamente.

Con Esteban, me acuerdo de esa noche, nos besamos intensamente antes de llegar a casa, y él trato de meter su mano bajo mi falda del colegio. Yo lo empujé con fuerza hacia atrás y salí corriendo. Cuando llegue a casa mi padre me esperaba furioso, y me reprimió como ogro enjaulado, solo por llegar tarde, sin saber realmente por que corría.

Después de varios meses sin novio, llego a mi vida Ricardito. Un chico fresita que tenía fama de mujeriego. Con el me dejaba sobar los senos. Era muy dulce conmigo. En aquel tiempo eran redonditos y juveniles, así que me gustaba que los tocara con suavidad, pero hasta ahí. Eso sí, solo por encima de la blusa. Creo que se aburrió muy pronto porque no lo deje pasar de eso.

Al finalizar el bachillerato acepte a Javier. Un tipo extraño y rudo. Bastante celoso, pero al mismo tiempo bondadoso. Me acuerdo que una noche que regresábamos del cine, estaba lloviendo fuerte y pinchamos llanta a pocas cuadras de la casa. Avise a casa que estaba ahí mismo y mi madre me dijo que esperará a que la lluvia pasara un poco.

Estando ahí en el carro, comenzamos a besarnos. Pronto el carro comenzó a empañarse. La calle de la colonia estaba desierta, por la lluvia. Mis pezones comenzaron a ponerse duros y helados, mientras sus besos me generaban una serie de sensaciones bastante placenteras.

Poco a poco sus manos fueron deslizándose por mis piernas y se colocaron debajo de mi falda. En aquel tiempo yo había superado bastante esa timidez que anteriormente me había impedido tener ese tipo de relaciones. Así que respondí a sus caricias y acepté las suyas.

De pronto comenzó a abrir mi blusa y dejar al descubierto mis pezones. Luego comenzó a mordisquearlos y comencé a gemir, cada vez mas fuerte, sin que me pudiera contener. Era la primera vez que me sentía tan excitada y estaba desesperada. Dispuesta a todo, cuando observe que mi madre estaba por llegar al carro con un enorme paraguas y una capa.

Como pude me recompuse. Ella golpeo la ventana, como estaba empañada que no dejaba ver bien de afuera hacia dentro. Baje el vidrio y ella estaba ahí. Te vengo a traer, vayan a la casa, dijo, ahí tengo café. Así culmino mi primera puesta en escena.

Me quede ansiosa para ver hasta donde llegábamos la próxima semana. Pero dos días después me dejo por otra y sufrí tanto que durante dos años no tuve novio. El sexo llego tres años después.

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