Los miedos

A Vicky la conocí hace años. Es hermana de Helen, mi mejor amiga. Cuando nosotras ya teníamos novio, ella aún jugaba a las muñecas. Pero de un día para otro se convirtió en una chica muy guapa. Nosotras le decíamos la bella durmiente, pues andaba media dormida siempre.

Pues el asunto que mientras todos iban a su rollo, llegó un príncipe (que no era azul) y con un beso le despertó la pasión. Su madre se preocupo. Su padre no dormía, según me cuenta Helen y sus hermanos se pusieron ojo al Cristo para evitar cualquier imprevisto.

Pero ese monstruo que trabaja sin cesar, convirtiendo en princesa todo aquello que toca no descanso en su empeño y la tranquila Vicky se convirtió en la rebelde chica que hacía lo que su real gana quería. Y en la casa las cosas empeoraron. Uffff, que van a decir de nosotros, me dijo una vez su madre. Y su padre agrego que temía que la pobre niña terminará de puta, trabajando para algún padrote.

Un día Helen desesperada por las consecuencia del despertar adolescente de su hermana, me conto que en su casa, sus padres y sus hermanos no sabían qué hacer. Era tan linda, para que un maldito le destruya su vida, me dijo desconsolada mi amiga. Claro que me dio algo de risa su preocupación, pero no dije nada. Estas exagerando, le dije, ella solo tiene 17 años.

Pero la cosa siguió. Para ser sincera, no me acuerdo bien que más penurias pasaron en aquella casa, pero la chica amenazo con irse de ahí, si no la dejaban de acosar. Y con razón, pensé.

Vicky no tenía carcomida su conciencia como todos pensaban. Su desarrollo era natural, su belleza también, pero su mente era más que eso, era una niña prodigio.

Un día le propuse a la madre de Helen que dejará a Vicky irse a vivir conmigo. Tu eres una puta, me dijo el padre, pero la madre más sensata dijo sentirse sin posibilidades de cambiar el conflicto y acepto. Tu eres la mejor amiga de Helen, dijo, se que tienes una vida loca, pero te la confió. Sus hermanos me odiaron y mi amiga, no se lo podía creer.

En fin, después de un mes conviviendo con Vicky me doy cuenta el poco alcance que la gente tiene sobre el crecimiento personal, el desarrollo adolecente y los deseos y aspiraciones de los chicos de hoy en día.

Dos noches, platicando en el balcón de mi apartamento me abrieron los ojos. La chica, como todas las chicas, sabe lo que quiere. No necesita que sus padres le metan miedo sobre el sexo, las drogas y los hombres.

A los 15 perdía la virginidad, le conté. Y no me arrepiento, agregue. Yo también, me respondió muy seria.

Te gusta? Comparte

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *