Los halagos poco afortunados

La primera vez que hice sexo oral estuve a punto de tragarme el semen. Escurrió en toda mi boca, como leche derramada. Lo bueno de todo es que no me provoco ningún tipo de rechazo, sino al contrario, me sentí bien. Dispuesta a volverlo hacer.

Nadie me lo ha hecho como tú, me dijo mi pareja con halago, mientras limpiaba mis labios de su semen. La fulanita siempre me mordía agrego. Y la sutanita no sabía nada de nada. Ante que mencionará otro nombre le bese. Pero su reacción fue peor. Me aparto, tienes aún semen, dijo. Pero qué importa es tuyo, le dije. Además yo me trague la mitad. Guacala, agrego. Entonces entendí el asco que me provocaban los hombres así.

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