Los amigos y sus indecisiones

Eran las seis de la tarde, estaba tirada en el sillón de la sala pintándome las uñas de los pies, cuando me llamó Esteban para invitarme a salir. Afuera la lluvia estaba comenzando y no tenía ganas de salir, pero se lo había prometido. Es qué no sé, le dije varias veces, pero es muy chulo para dejarlo plantado y me convence. Ok vamos, le digo.

Mi madre me chulea mis pies, mi hermana se sienta a mi lado y me pregunta por Esteban. No le digo nada, somos amigos y a vos que te importa, le contesto. Pero ella insiste. Esta chulo el patojo, pregunta mi madre y mi hermana le responde, como Dios manda, mami. Está perfecto.

Mi madre y mi hermana se pasan conmigo los fines de semana. Después de terminar una relación de años, lo menos que podemos hacer, me dice mi hermana, es apoyarte. Quieren que me enrolle de nuevo con alguien, la soledad no es buena, dice mi madre.

Yo no salgo, me quedo en casa y la soledad no le hace bien a nadie, es deprimente y después de una separación es peor. Llevo casi 6 meses en situación irregular, dicen mis amigos.

Esteban me llama de nuevo, se ha perdido. Mi hermana le contesta. Le da pita. El insiste. Hablan un buen rato, hasta que, al poco tiempo, me dice que está abajo. No me dejan subir. Mi hermana se burla de él y me dice que lo atienda, que burro es ese tu amigo.

Después de casi media hora bajo, mis uñas no se pueden estropear, lo hago esperar, quiero desesperarlo, quizás es una actitud consiente, pero él no se da por enterado. Lo saludo con un beso en la mejilla. El portero del edificio nos observa. Me subo al carro y nos quedamos un tiempo ahí, platicando de muchas cosas y me doy cuenta de lo agradable que me resulta y lo guapo que es. Me lleva unas bolsas de tortrix, es un loco. Me gusta su compañía.

Esteban me pregunta qué hacemos. Le digo que no tengo idea, pero tengo hambre. Me proponer ir a la Antigua. Pero no sé. Tengo ganas de salir, pero no estoy segura de hacerlo. Le marco a mi madre, pero hablo con mi hermana. Ella me aconseja, me dice que tengo que salir, que aproveche, que vaya a coger, que así se me va el estrés y la depresión, le hago shoooo, pero acepto salir con Esteban.

Necesito comer algo, le advierto. De camino se me insinúa.  Yo me sonrió. Me doy cuenta de que es tímido, le cuesta expresar las cosas, es un tonto, como dice mi hermana. Sabes que no puedo, no debo, no quiero, le digo. Pero…., dice balbuceando, dice incoherencia y me doy cuenta que siempre mira mis piernas y está rogando por mi cuerpo, lo sé, pero me pide que seamos novios.

No como crees, novios no quiero, le contesto algo molesta. Cómo se le ocurre. Si puede tenerme sin que seamos novios. Le hago entrar en razón, sabes, tú podrías salir lastimado si entramos en una relación, le comento. No me importa, dice, es en serio quiero hacerte feliz, me dice, me gustas, pero así, con todo lo que me pasa, aún quieres relacionarte conmigo, le increpo. Así discutimos y no veo que tenga inventiva. Es poco dado a la seducción. Novios es una mala idea, le digo, que te parece amigos con derechos, le propongo, pero no me contesta.

Sabes, sería bueno si nos metemos a un motel, de esos que hay por ahí le digo como en broma, como en serio. Me sonrío, pienso lo cobarde que resulta, que no me proponga nada de esas cosas y se vaya con proponerme un noviazgo romanticón y sin motivación. Sabes qué, le digo, ahí venden comida. Podemos probar, a lo mejor compramos algo y regresamos al apartamento. Pero ahí está tu familia. Me dice sin consuelo. No entiende mi decisión y mi coqueteo. Es un burro como dice mi hermana, pero un burro muy chulo.

Pero en un arrebato de adolescente entra al Ovni. Bien, pienso, pero no digo nada. Me pareció súper su atrevimiento. Claro que existía cierta ansiedad entre ambos y antes que dijera algo, tomó el teléfono y solicitó el servicio. Unos minutos más tarde una voz femenina le hablaba desde el segundo nivel para cobrar el cuarto. De inmediato subimos y esa ansiedad se convirtió en pasión.

Debo reconocer que me hizo el amor con dedicación y esmero y por lo tanto me sentí bien y a gusto. La pasión fue primero, luego lo erótico surgió y el orgasmo llego bien. Después platicamos un poco y me dejé llevar por su plática y le conté de nuevo mi situación sentimental. Entonces nos abrazamos y por unos instantes nos quedamos dormidos, hasta que el sonido del teléfono nos despertó. Había que desalojar.

Ya era tarde así que me regresó a casa. En la ventada aún se observaba la luz del televisor, señal que mi hermana estaba despierta. Antes de despedirme, me tomo del brazo y me preguntó si saldríamos otra vez. Le dije que sí. Que yo le llamaba. Qué somos, me pregunto después. Pues amigos, le dije, seguimos siendo amigos. Pero…. Pero nada, dije, dame un beso.

Fue una noche fantástica, agregó. Claro recalque, a mí también que me gustaría salir contigo otra vez. Ok, dijo suavemente. Nos vemos otra vez. Si adiós.

Qué paso, me pregunto mi hermana. Nada, solo fuimos a comer a la Antigua. Qué ves, le preguntó.

Nada, me dice, solo te estaba esperando. Las dos nos abrazamos y nos quedamos ahí por un instante, viendo la tele, entendiendo nuestras mentiras.

De pronto me dice, pero hueles a sexo…….. quiero saber los detalles o le cuento a mi mami….. me sonrío y le doy un beso de buenas noches, sabes que tengo sueño…..

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