Locuras de una noche

Me sentía atrapada en una relación que no iba a ningún lado. Lo amaba, de eso no había ninguna duda, pero mi vida sexual era casi inexistente. Eso me provocaba frustración y afectaba mi auto estima. Será que soy tan fea que no me quiere ver desnuda, era una pregunta recurrente y sin respuesta.

Así que cuando un amigo me invitó a salir, aproveche la oportunidad y me termine acostando con él. Se lo conté a mi mejor amiga y me dijo que era una puta, cualquiera.

No fue maravilloso. Pero me encanto la sensación, volverme a sentir deseada. Sentir las caricias que te abren la pasión y entender que sin esas emociones la vida resulta triste.

Claro que después de eso, me sentía mal con mi novio, así que decidí terminar la relación. No le dije lo que había pasado, pero si las cosas que faltaban y el por qué me iba. Pero no entendió nada.

Cuando terminé la relación, continúe saliendo con el chavo por espacio de un mes mas o menos. El sexo mejoraba día a día, y en serio que las cosas estaban bien, pero de pronto me enteró que él tenía novia. Eso me atormento. No por el hecho de ser solo un agarre, sino por las cosas que podía provocar, principalmente a la chica.

Siendo considerada, pensé, lo mejor es terminar esta situación. Claro que ahí brotaron todas mis contradicciones juntas, pero no quedaba de otra.

Después de eso regresé con mi novio de antes. Al principio las cosas fueron bien, me ilusionó estar desnudos en su cama, deseándonos, como al principio. Pero eso no duro mucho tiempo y de nuevo la misma rutina que había terminado todo.

Una relación sin sexo, es como una misa sin padre, o un juego de fútbol sin pelota.

Antes de ser infiel, se lo dije. Lo confronte y le conté que ya le había puesto los cuernos antes y que lo volvería hacer si el no tenía relaciones conmigo de forma constante.

Se sintió ofendido, no me creyó que ya había estado con otro y lo peor de todo, nunca cambio su comportamiento.

Al fin y al cabo, son esas sensaciones las que me hacen falta.

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