Lo siento, pero no.

asdCuando me abordas y cuestionas por qué no me acuerdo de ti, me viene a la mente un vago recuerdo de mi infancia, aquellos lindos años de mi juventud, en donde solía pasear en bicicleta, jugar al escondite, salir a la esquina y comer helados de fresa con leche con todos los de la cuadra.

Por qué insistes, pregunto.

– Es que te tienes que recordarte, si hasta intentamos ser novios por unos días, me responde algo molesto.

Tu insistencia me genera otros recuerdos.

Precisamente cuando mencionas a Javier, todos mis sentidos se activan para caer en la cuenta que con él tuve mi primer romance.

Javier era el de más edad del grupo y el más guapo. Se había hecho novio de una tipa que odiamos con tanta vehemencia en esa época, sólo por el hecho que era la más linda que todas nosotras.

Me acuerdo bien cuando ellos terminaron. Más bien ella lo dejó por otro.
Todas nos ofrecimos para apoyarlo. No era justo que nuestro amigo sufriera por una estúpida fresa, pensamos.

Y sólo por despecho y fui su agarre por varios meses.

Para mí, significaba mucho. Me enseñó a besar y luego, al poco tiempo hasta le dí mi virginidad.

Eso basto para que todo terminará.  Qué más da recordar eso, si solo logre que me rompieran el corazón.

Tal vez, se hora de reconocer que ese deseo por los hombres nació gracias a él.

– Bueno, perdona que te aburra con esto, pero me acuerdo de Javier, no de ti.

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