Las diferencias de edades

Unhappy Couple in Bed

Estaba por cumplir 27 años, pero mi apariencia era de una chica de 17. Mis amigas decían que era una traga años. Mi aspecto realmente era de una niña bien, en el buen sentido del término. Y así anduve por este mundo, marcada por experiencias cuyo vinculo principal era mi apariencia, no mi edad real.

En una ocasión, fuimos a una fiesta de graduación del hijo de una amiga. Ahí conocí a un señor que padecía lo mismo que yo, era un traga años. Tenía 58, pero parecía un soltero cuarentón de película.

Cuando lo conocí me encanto su forma amable y alegre de ser, más confianzudo que bonito, atino conmigo. Así que comencé a salir con él y siempre me molestaban, sobre mi abuelito, decían mis amigas.

La primera vez que quisimos tener relaciones no se pudo. Más bien él no pudo. Al fin, le dije: se va animar, cuando me tenía ahí tirada en la cama de aquel motel a donde lo había llevado, sin que el pudiera ser algo concreto. Fue una desilusión total. Pero entendí que la presión que ejercí, le pudo haber provocado el asunto. Así que después no presione. Hasta que sucedió. Nada del otro mundo. Tuvo que usar la pastillita azul, pero igual su desempeño fue pobre. Así que continuamos siendo amigos, nada más.

Luego conocí a un chico de 18 años, que me entusiasmo por su virilidad y dinamismo. Además de guapo y arrogante, era un tipo con carácter y determinación. Y ahora que haces con tu nieto, me molestaban mis amigas. Pero la diferencia de edades no se notaba tanto como el anterior.

La primera vez que estuvimos en un motel, fue también por insistencia mía. El arrogante pensaba que era mejor estar con sus amigos emborrachándose, que acostarse con su nuevo agarre. Esa noche, hizo unas mezclas inverosímiles de asimilar. Al principio, tomo como descocido ron y cerveza, para luego, antes de las once cambiar a tequila. Al poco tiempo balbuceaba estupideces, pero con unas líneas de coca se solvento el asunto. Luego vino y después las bebidas energizantes, mezcladas con tequila. Una bomba.

Un poco de baile, correr por aquí y por allá, le proporcionaron otra vida. Efusividad, alegría y sobre todo dinamismo. Una energía que hacia presagiar una noche loca para mí. Pero eso se quedó solo en expectativas. Cuando por fin lo convencí que nos fuéramos al cuarto del hotel, la noche estaba por espirar, pero mis ganas estaban aun intactas.

Al entrar en aquel motel me ofreció una línea de coca. Pero le dije que no. Lo mío era sexual, más que emociones químicas, deseaba emociones carnales. Pero pensé que si consumía la droga iba a resultar más intenso. El asunto fue todo lo contrario.

Vamos a coger, le dije, o me iré con cualquiera que quiera coger.

Me desnude mientras lo seguía besando. El reaccionaba torpemente. Tócame, le dije, pero toda aquella adrenalina anterior se fue apagando poco a poco. Qué te pasa, vamos tócame, insistía. Vamos sácate la verga, le dije. Y mi sorpresa fue ver que no reaccionaba. Entonces le trate de hacer sexo oral, pero tampoco reaccionó. Vamos, le dije, no me digas que sos gay.

Y entonces, me acorde que después de la experiencia anterior siempre es bueno tener una pastilla de viagra entre mis cosas. Así que me levante a buscar un vaso con agua. Tomate esto, le dije. El efecto fue un desastre.

Terminamos en la emergencia de un hospital. Intoxicado por tanta droga en su organismo. Triste mi historia.

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