La fiesta de aniversario

Fiesta es fiesta, me dijo mi novio. Pero no para hacer clavos, le conteste, mi familia no tiene por qué sopórtate. La disputa iba más allá del simple clavo de borracho.

Celebramos los 40 años de casados de mis tíos. Todos lucíamos nuestras mejores galas. Mi primita esta bellísima, igual que el resto de primos. Yo iba con un vestido a medio muslo, unas pantimedias opacas y unas zapatillas de meter. Había rogado a mi novio para que me acompañará, ahora estaba arrepentida.

Cerca de las diez de la noche, la mayoría de gente se había marchado, pero mis familiares seguían consumiendo licor, como si no hubiera otro día más en la vida. Mi novio estaba más loco que una cabra y le insistía que se fuera a recostar, pues ya no daba para más. Mi madre pensaba que podía hacer algún clavo, así que me rogaba que lo calmara.

Algunos de mis primos, los más pequeños ya habían caído dormidos por el cansancio. Otros más, quienes estaban conmigo, comían y bailaban a más no poder. Isabella se había tomado solo dos copas de vino y se retiró a una de las habitaciones del segundo nivel, me imagino que no se sentía muy a gusto estar conviviendo con los borrachos de la familia.

Me di cuenta como mi novio miraba a mis primas con mucha insistencia, especialmente a Helen, la más bonita de todas. Ella también le correspondía, o eso pensé al principio. Sus piernas se veían delgadas, pero bien formadas. Cuando estaba sentada y cruzaba las piernas, mi novio intentaba agachar la cabeza para ver si podía lograr observar algo más, pero era imposible. Yo lo cache en esas.

Antes de las once se fue a descansar. Se despidió diciendo que regresaría pronto. Al poco tiempo mi novio dijo que subiría también a recostarse un poco y me entro la duda. Mi mente estaba maquinando más de la cuenta. Así que lo llevé y le dije que me iba a quedar con él. Era obvio que estaba caliente por mi prima. Comenzó metiéndome mano. Deja, le dije. Échate por favor. Pero tenía una erección. Y se la saco en aquel cuarto. Nena chúpamela, dijo con voz de borracho.

Pensé que, si le quita las ganas, se calmaría, así que comencé a masturbarlo. Pero la borrachera hacia interminable el asunto. El insistía que se la chupara. Yo quería que terminará. Así que lo hice. Comencé a chuparle la verga. Algo que siempre me gusto, pero no en esas condiciones. De pronto escuche voces por el pasillo, era Marta que entro sin avisar y me encontró con el pene en la boca.

Por favor, cierra la puerta le dije a mi prima. Sabía que era una chismosa de primera y que todas mis demás primas se iban a enterar. Solo vengo a cambiarme los zapatos, dijo. Pero ustedes sigan en sus cosas. Mi novio seguía excitado, más cuando vio que mi prima miraba con insistencia aquel miembro entre mis manos. Quieres unirte, le dijo él. Ella se sonrió, quizás con un si implícito, quizás molesta. No sé.

La luz que daba al patio permitía que dentro de la habitación no estuviera totalmente oscuro, y todo se mirara bien. Mi prima no pudo aguantar las ganas de decir algo, pero la saque de inmediato. De nuevo, comenzamos. Me subí la falda y me quite el calzón, pues me habían dado ganas, pero antes de montarme a mi novio me cerciore que la puerta tuviera puesto el cerrojo.

En seguida comencé a brincar sobre su pene y no aguante mucho y tuve un pinche orgasmo que pensé que lo habían escuchado en toda la casa. Termine temblando de la emoción, cuando escuche que mi madre estaba por llegar. Así que como pude me arreglé la falda y escondí el calzón, ya no había tiempo para ponérmelo.

Que bulla tienen dijo mi madre al entrar. No somos nosotros. Mi novio estaba más calmado y quería dormirse. Así que mi madre me dijo que lo dejará ahí y bajara a socializar con la gente que estaba aún en la fiesta.

Baje como estaba, sin calzón y con la falda corta, podía cometer una indiscreción, parte del semen quedó entre mis piernas y no me había dado cuenta. Pero las medias resaltaban el asunto. Así que cuando me presenté en la fiesta, con la luz tan intensa todo mundo se dio cuenta. Mira, dijo un tipo, se te derramo el atol. Qué atol, pensé, si no había atol.

Ahí me di cuenta de lo sucedido. Mis pantimedias estaban manchadas de semen. Todos se rieron, pero la vergüenza de observar a mi padre y a mi madre fue lo peor.

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