Jugando con juego

Me convertí en una chica perversa en una noche. Un like me abrió la puerta al infierno. Así comenzamos y así termine yo, desnuda frente al espejo.

Un día, después de cientos de horas pegados al teléfono esperando su respuesta, me dijo que nos viéramos. Qué tal a tomar una cerveza, me puso. Gracias, pero no tomo, respondí. Quizás solo nos vemos, le conteste. NO, puso con mayúsculas, en un tono digital que nunca antes le había puesto atención.

Sabes qué, le aclaré, no es conveniente que tú, un señor mayor, te vean tomando cerveza con una chica que parece que tiene 14 años, le puse y se quedó mudo dos días enteros. Eso lo asusto.

Por mi insistencia recobro la comunicación. Nunca más se le ocurrió pensar en vernos para tomar cerveza. Es más, se olvidó por completo pedirme que nos juntáramos. Y cómo no podía darle like a mis fotos, por qué tenía de amiga a su esposa, me pedía que en privado le mandara fotos. Yo complacía todas sus inquietudes y más. Cómo las quieres, le preguntaba.

Y entonces, nos vamos a ver o no. Le puse un día. Dijo que sí, y de inmediato le puse, y qué me piensas hacer y a donde me vas a llevar. El silencio retornó a nuestro espacio. Y se convirtió en rutina. Me coqueaba, y después se desanimaba al ver mi disposición morbosa por aprovecharme de su calentura.

Quizás pensaba que yo estaba jugando con él. Un día nos encontramos en el super. Él iba con su mujer y su hijo, un chico de mi edad, y yo con mi madre. Todos nos conocemos. Yo más, pensé. Así que en medio del saludo le deje ir la indirecta. Su hijo solo se me quedo viendo. Su mujer era tonta o se hacía. Mi madre tampoco entendió nada. Él se puso nervioso, actuó como tonto y me dio seguridad

Por la noche, casi de madrugada, cuando la mujer se dormía o después de cogerla, él se levantaba, encendía la computadora y chateaba conmigo.

Una de esas noches, ya de madrugada, me dijo: qué haces despierta. Acabo de regresar a casa, le conteste.

Entonces le salió el padre que llevaba adentro. Y qué haces tan noche, tu madre no te dice nada, me puso. Y más, salió de padre regañón, a dónde fuiste me puso. A una fiesta. Y sabes qué, ando caliente, le conteste. Un chavo me sobajeo toda la noche, y nos besamos, y sabes qué, me dejo con ganas.

Sus silencios era señal que estaba atento a todo, pero no sabía que responder. Así que le dije que me masturbaría en su honor. Y sin importar las consecuencias de tener un video mío, que sabe Dios a donde puede ir a parar, me masturbe y se lo mande. Te gusta, le dije. Pero al poco tiempo se desconectó y yo me quede dormida.

Quiero tenerte, fue su lacónico mensaje unos días después. Cuando quieras, le puse. Pero eso no se concretó hasta unos meses después. Así que me cito a un centro comercial. Cómo quieres que me vista, le puse. Pero me contesto que le daba igual.

El pobre estaba sentado en un lugar cercano a los baños del centro comercial, alejado de todo el ruido. Había comprado un ramo de flores que mantenía en la mano, y otro regalo en una bolsa de papel que tenían en el suelo. Yo, a propósito, había llegado con mi madre y fui directo a donde estaba.

Hola, don Alberto, le dije de inmediato. Él se fue de este mundo. Mi madre le dio mucha ternura el ramo de flores y le espeto en su cara, seguro que su señora se pondrá feliz, con este regalo. El balbuceo que era su cumpleaños. Y a quién espera, dije yo, algo tonta. Desde ese día estoy bloqueada.

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