Historia de una relación complicada, parte IV

Con el tiempo comencé a visitar la casa de Ernesto más seguido. Era puro morbo. El padre le enojaba. Ernesto y su madre estaban siempre contentos de verme ahí, aparecerme sin invitación por las tardes y quedarme ya noche.

Siempre esperaba que el padre se ofreciera irme a dejar a casa, pero al principio siempre mando a Ernesto, nunca él. Y después prefirió no llegar temprano a casa. Así no lo veía, hasta que él me llamará y quedábamos para vernos en otro lugar.

Era complicado esa situación. Me daba morbo entrar al cuarto de los padres de Ernesto e imaginarme las cosas que hacían ahí con la esposa. En mi mente estaban las escenas que él me provocaba. Los orgasmos que tenía y las formas en que tenía de hacerme el amor.

Siempre me acostaba al pie de la cama, por un instante pensaba que aquella cama tenía un encanto especial. Y quería hacer el amor ahí mismo. Me excita dicha situación. Era caminar por el borde de un precipicio.

Todo terminaba cuando la madre de Ernesto me llamaba para cenar. Niña, tu no comes, me decía, para quién te guardas así, decía con morbo. Tu cuerpo necesita más calorías. Los hombres te querrán igual, con ese cuerpo, agregaba. Sin saber que su esposo era el que me aprovechaba.

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