Historia de una relación complicada, la casi despedida.

No eran aún las seis cuando el teléfono sonó. Era el padre de Ernesto y me citaba urgentemente en el Tikal Futura. Ahí tenía una habitación y era nuestro nido de amantes.

Subimos a la habitación y me hizo el amor desenfrenadamente. Mi cuerpo se estremeció todo. Mies pies temblaban solo de sentir sus dedos gruesos sobre mi piel, y como su lengua y dientes fusionaban mi clítoris con tanta seña y gracia que orine la cama.

Qué es esto, pensé. Es la despedida. Quizás. Su relación estaba en un punto muerto.

Yo me había convertido en una obsesión. Una niña de diez y ocho años, complaciendo a un casi cincuentón. El sueño de todo viejo verde, pensé.

Entonces, me hizo el amor por atrás. Hay que desvirgar todo, dijo.

Pero al final, no fue el adiós, solo el principio de otras oscuras sensaciones que me llevaron a odiarlo tanto, que me hacen seguir atado a él.

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