Historia de una relación complicada I

Al entrar me presento a su madre y entonces se me acercó y me dio un beso muy efusivo que no supe responder. Ella es una mujer relativamente joven, que en ese momento olía a canela y miel, porque según me contó estaba saliendo de una gripe fuerte.

Nos dejó un rato en ese jardín para llegar de nuevo y pedirle a Ernesto que fuera a la tienda, a traer un doble litro de coca cola para la cena. Al poco tiempo llegaron sus hermanas y el jardín se lleno de mucha gente. Yo estaba como pollito comprado.

Ernesto sin embargo era muy gracioso y me integraba en todo. Contaba algunos chistes y no tenía problema con el tono de los mismos, era muy desvergonzado y eso me fascinaba.

Su madre me preguntaba muchas cosas. Y al mismo tiempo me contaba que había estudiado en el Americano. En fin, todo se había convertido en una reunión familiar, donde la estudiada era yo.

Entonces regreso Ernesto de la tienda y llevaba una caja de regalo y me la dio. — ¿Y esto? —le pregunté. Es para ti, dijo. Sin saber que era, le di un abrazo. Me gustó mucho ese detalle. Además de gustarme, podía ser un novio perfecto.

Pero esa tarde no me dijo nada. Fue una representación para su familia. Su madre tenía que dar el visto bueno previo. Y así me conto después. Y le encante a su madre. Su padre en cambio fue esquivo y reacio. Pensé que le había disgustado mi presencia. Esa impresión me dio. Sus hermanas fueron sensacionales. Esa familia al completo me adopto con cariño.

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