Fiesta loca de fin de año

Confieso que el vestido que utilice en la fiesta de fin de año no iba para nada con la ocasión. Pero fue un capricho propio para iniciar el año. Era negro, con encajes, bastante corto y quizás aquí el dilema de mi familia y de mi novio. Además utilice medias rojas, por el frio, algo que ya se usa menos. Un moño morado en la parte de atrás tampoco ayudaba. Pero era la fiesta que uno se paga el fin de año para emborracharse, bailar hasta el otro día y dormir en una de esas habitaciones del hotel acondicionadas para la ocasión. La música era lo de menos. El ambiente de mi familia era lo importante. Mi novio también estaba conmigo y es algo que en cualquier inicio de año, te hace sentir querida, aún cuando termines dos meses después del día del cariño. Eso me pasa habitualmente. En fin, baile con medio mundo antes de las doces. Después me dedique a comer tamal y beber champañe. A eso de las dos de la madrugada ya estaba ebria y la mayor parte de mi familia se despedía para dormir. Yo en cambio estaba más despierta que cualquiera en la mesa, deseosa de bailar, pero mi novio estaba ebrio. Bastante ebrio para darse cuenta que me iban a sacar a bailar a cada rato y siempre iba, sin importar quién. Hasta que llego un muchacho bastante desalineado, familiar de no sé quién, que me llevo al otro extremo del salón y me dio un beso tierno y atrevido. Ya casi daban las cuatro de la mañana cuando quedábamos pocos bailando cuando mi novio me hizo señas que quería subir al dormitorio. Me despedí del chico, no sin antes presentarle a mi novio. Se dieron la mano, dijeron algo y subimos al dormitorio, a dormir, vamos a dormir, dije en tono de pregunta. Iban a dar las cinco cuando escuche a mi madre en otro cuarto hablar sobre un remedio para mi padre. Ya estaba en pants, así que me dispuse a bajar al parqueo a recuperar el bendito remedio. En el ascensor me encontré con el chico y me acompaño al carro. En aquel parqueo desierto, por la hora, me toco. Era fácil. Mi pants era solo de jalar y meter. Yo estaba bien y me deje seducir. Le bese, mientras el me tocaba todo y me vagina se mojaba ante sus dedos que entraban y salían con rapidez. Comencé a jadear y entonces me dio la vuelta, saco su pene y lo introdujo con fuerza. Fue rápido, regresamos pronto y nadie se dio cuenta. Mi madre me agradeció el gesto, mi novio estaba durmiendo y yo aún caliente, apunte el número de aquel chico que bailo conmigo el nuevo año y lo llame por la tarde, mientras tanto trate de despertar a mi novio pero todo fue en vano. Mis ganas tuvieron que esperar.

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