Falsa alarma

A los 20 años me vi expuesta a toda clase de proposiciones, incluso matrimonio. La mayor parte de chicos que me rodeaban, eran artistas de la seducción. Hagamos una película porno, me dijo uno sin más. Otro quería una relación del poliamor que nunca comprendí y cuando pregunte su significado me dijeron: te quiero a ti, pero estoy enamorada de mi novia y no la quiero dejar.

En ese tiempo me lancé de cabeza al descubrimiento del sexo, había dejado atrás mi era romántica y experimentaba por el simple capricho de convertirme en una chica popular. Hasta que logre todo y más. Entonces me cautivo de nuevo al amor romántico y pare metida en una iglesia neo pentecostal, llena de jóvenes calientes y un pastor morboso que probo el pecado conmigo, por el puro placer que mi cuerpo le causaba.

En ese tiempo, no tenía novio, y según el joven pastor, había llegado a su vida por obra de un ser supremo que me había colocado justo a su lado. Y claro que sus gustos y oratoria me fascinaban, empecé una relación de amor y odio que duro mucho tiempo. Sexo todos los días de la semana y retiro espiritual los fines de semana, la rutina sagrada para reservar el pasaje al cielo.

Hasta que un día, me di cuenta que la menstruación se había retrasado. Se lo conté y su preocupación fue mayúscula. Los meses pasaron y nada. Entonces me dejo. Aseguró que le había sido infiel, y qué no asumiría nada más conmigo. El pastor de la iglesia me sancionó, por puta. Dios no te va perdonar jamás, dijo enfrente de todas. El siguió enloqueciendo adolescentes que llegaban al templo. Yo deje eso y continúe con mi vida, afortunadamente todo fue falsa alarma.

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