Encuentro en el tiempo

A veces lo que se desea tanto puede ser menos satisfactorio en la realidad que en los sueños.

Nos conocimos en el colegio, jugamos juntos y siempre nos deseamos. A veces nos tomábamos de la mano, alguna vez nos dimos un beso en la mejilla para despedirnos y siempre nos consideraron novios. Pero más allá de un beso tierno que nos dimos no paso a más.

Su mayor atrevimiento fue escribirme una frase caliente en el cuaderno y un dibujito obsceno que guardé no sé cuánto tiempo.

Con el paso de tiempo continuamos comunicándonos. Al cabo de unos años me llamó para contarme que lo habían nombrado jefe director de la empresa en Guatemala. Quedamos de juntarnos para celebrar.

Después de mucho tiempo terminamos hablando de las veces en que había insinuado meterme mano, pero nunca lo había hecho. Y las ganas que siempre tuve, que lo hiciera.

Te acordas, le dije, aquella vez que jugando a las escondidas, nos apretamos en la esquina y casi nos besamos, pero tu insistía que no debíamos movernos para no ser descubiertos.

Sabíamos que ya éramos mayores y que los años nos habían preparado mejor para llevar a la práctica esto, ya no éramos niños, así que le propuse que hiciéramos realidad todas las fantasías que tuvimos de niños.

Entonces con vos entrecortada me pregunto, “vos querés”. Si claro, conteste sin dudar, y vos, pregunte. “yo también”, dijo

Entonces comenzamos a caminar de la mano, riéndonos en la calle, pasamos a la farmacia a comprar un paquete de condones y en un arranque, pedimos también lubricante y nos fuimos.

En el trayecto entendí que la vida nos había llevado por caminos diversos. Su conocimiento los moteles y su funcionamiento era escaso. Su comportamiento era torpe.

Ya adentro, yo tenía los mismos deseos que de niña, pero ahora más madura, así que sus besos cayeron sobre mi como un vendaval refrescante de pasión y deseo. Mis manos lo desnudaron rápidamente. Me arrodille sobre la cama para chupársela, mientras él respondió con un gemido sordo y gozoso.

Me levanto para penetrarme. Fue fuerte, intenso y llegó hasta el final de mi cuerpo.

Entre tanto besaba mis pechos y exploraba cada rincón de mi alma.

Entonces comenzó a buscar la mejor posición. Me dio la vuelta, metió sus dedos en mi vagina y luego la lamio con hambre. Mordí la almohada mientras entendía que el lubricando lo había comprado para penetrarme por el ano.

Empezó a penetrar despacio, empujando con cuidado, experto y dulce hasta entrar por completo, otro gemido de su boca y un par de empujones, dolor y placer, sus manos aferradas a mis caderas y un gemido que quería escapar de mi boca, el liquido bajando de mi vagina a mis piernas, orgasmo intenso,
su orgasmo se acompañó de una llamada de teléfono. Todo termino.

Nos despedimos, Lo bese con ternura, sentí que no volvería a verlo. todo había sido muy bueno, pero no para repetirlo, cuando llegué a mi casa me bañe dos veces, antes de estar con mi esposo.

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