En aquel cubículo.

Desde que lo vi trate de seducirlo, me gusto su apariencia, pero más me gusto su inteligencia. Quería un novio así. Pero seguro él no estaba para noviazgos. Así que me conformé con verlo y sentir que entre nosotros podría ver algo. Si fuera sexo y solo sexo, estaría complacida.

El día que llegue para conocer su oficina, llevaba una blusa de tirantes amarillos, una falda corta muy sugestiva y mis pies al descubierto con mis uñas bien pintadas. Todo a tono para tener una buena recepción. Vestida para seducir.

Así que esa tarde me presente a su oficina. Toqué la puerta y me recibió con cortesía y extrañeza. Mi amiga me conto que usted es un excelente profesor que podría ayudarme en el curso, le dije.

En ese instante se tardo en ubicarme, hasta que le mencione el nombre de la madre de mi amiga, fue cuando reacciono amablemente. Quiero que me de clases particulares, algo como una tutoría, le puedo pagar, dije. Y darle lo qué usted quiera, agregue.

A partir de ahí llegaba religiosamente a su oficina y siempre le llevaba un jugo de frutas, mientras el me explica con detalle de buen profesor las más difíciles ecuaciones, yo lo observaba fijamente.

En infinidad de ocasiones regrese a casa excitada, corriendo a masturbarme, contenta que me había tomado la mano, o dicho algo en doble sentido que me hacía deducir que estaba entrando a mi juego.

Un día, ya tarde, me comentó que no podía atenderme, que tenía un examen privado y de acuerdo a sus cálculos saldría de noche.

Por un instante me acorde que mi amiga, quién me había hablado de él, se sometería al examen privado y me había comentado que tardaban casi 4 o 5 horas. Pero nunca relacione nada.

Había llegado para contarle que había ganado el examen. Después de eso no lo volvía a buscar, le deje el mensaje en su oficina y en él apunte mi número de teléfono, pero nunca me llamó y eso me puso enojada.

Después de un semestre lo encontré. Me saludo, iba de prisa, sin decir nada.

Pasé más tarde por su oficina, pero estaba ocupada por otra persona, tampoco era la misma secretaria y tampoco supe nada de él.

Me entró curiosidad y comencé a preguntar, qué pasaba con el profesor fulano. Mi sorpresa fue mayúscula cuando me enteré que estaba acusado de violación y agresión sexual consumada.

No lo pude creer al principio. Después de seis meses pasando regularmente por su oficina, con las prendas más provocativas que pude usar, no logre nada, cómo era posible que alguien lo acusará de violación.

Pero cuando me enteré quién lo acusaba, supe que era cierto. Los seis meses de embarazo, lo confirmaban.

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