En aquel congreso

Nos reímos, lo cierto es que su ropa interior era más pequeña que la mía, además, la suya se notaba claramente por la delgadez de la ropa, que era más fina.

Nos lo pasábamos muy bien, después de comer decidimos “hacer la siesta”, eufemismo de estar en ropa interior en aquel cuarto de hotel, hasta que escucharmos perfectamente como gemían en el cuarto adjunto.

Ya más tarde salimos a pasear por los alrededores del hotel, me puse un vestido ancho y cómodo, ella optó por algo parecido pero con una diferencia, se podía ver a contraluz que transparentaba bastante y que no llevaba el sujetador.

Años después de aquel congreso, nos juntamos y ella me confesó que aún seguía enamorada de mi.

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