El olvido y el desprecio

No había terminado de olvidar a Ernesto, mi ex novio, cuando me deje llevar por la codicia y el deseo y me metí en una relación perversa.

Un tipo con una capacidad grande para seducir, me prometido hacerme olvidar cualquier recuerdo del ex. Pero me provoco todo lo contrario.

Tentada por el destino, me involucre en dos aventuras al mismo tiempo. Por un lado el nuevo, con quién cogía a diario solo por el placer de sentirme deseada. Y por otro lado tenía encuentros clandestinos con mi ex, para ver si volvía.

Eran clandestinos por su nueva novia. Poco me importaba el otro.

Un día los dos me preguntaron si cogía con otro. ¿Qué? Conteste indignada. Tú sabes cómo soy, le dije. Yo soy fiel, les respondí con una convicción que yo misma me sorprendí.

Así fueron pasando los meses y yo hablaba de orgasmos múltiples con dos tipos que me lo provocaban casi a diario.

Hasta que un día, en esas urgencias raras de la vida, los encontré juntos, en una fiesta.

No tengo ganas de coger, fue mi respuesta para ambos, ante la falta de inventiva de esa noche. Y ante la insistencia que los dos llevaban.

Ernesto se fue a cogerse a su novia. Joaquín se conecto a más de alguna y yo me quede sola, recordando el orgasmo del día anterior y el sabor del semen de Ernesto.

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