El enojo de Teresa

Teresa y su novio pasaron por mi alrededor de las 4 de la tarde. Celebramos mi cumpleaños me dijo Felipe muy animado. Entonces me puse tacones, falda corta y blusa sin sostén. En casa de Javier, al final del barranco de la zona 2, frente a la cervecería, nos acomodamos para disfrutar la vida.

 

Después de comer, bailar y cantar desafinadamente, nos quedamos el dueño de la casa, dos amigos más, Elena, Teresa, su novio y yo. Acomodados en una sala amplia con sillones antiguos interminables y una mesa de centro de caoba fina.

El anfitrión abrió unas botellas de vino para celebrar y como por arte de magia comencé a sentir que las cosas se ponían excitantes.

Uno de los más jóvenes, me pidió un beso, y accedí consiente que eso desencadenaría muchas cosas. Sus besos fueron explosivos. Elena alentó a los demás, que todo el tiempo coquetearon descaradamente. Tere y su novio solo observaban embelesados con sus tragos y sus mimos.

Después del beso, por la música, me pidió bailar con él. Se hizo espacio en la sala y me tomo de la cintura con mucha habilidad. Mientras el resto miraba mi cuerpo, este tipo continuaba besándome. Sus manos no dejaban de tocar, hasta que llegaron a mis nalgas. No dije nada, y dejé que las cosas subieran de nivel. Ricardo, el dueño de la casa se puso atrás, siguiendo el paso de la música y tomando mi cintura.

Me sentí tan bien, flotando entre dos hombres distintos. Por un lado, recibía los besos tiernos y bruscos de un joven de mi edad, pero atrás tenía a un señor pulcro y fino, quién casi me doblaba la edad, pero tenía el tino de hacerme sentir bien, mientras él se sentía rejuvenecido.

Así comenzó todo. Ricardo dejo mi cintura y recorrió mi cuerpo en dirección a mis pechos, que para ese momento mis pezones delataban la excitación que no podía contener. Mientras eso sucedía, Gerardo me levantaba la falda y metía sus manos entre mis piernas. Yo continuaba el meneadito al ritmo de la música, mientras los otros se habían marchado, algunos afuera, otros a los cuartos y solo quedaban Teresa y su novio que nos miraban y alentaban más acción, Elena con mi celular me grababa en video y Tere y su novio se entrelazaban entre ver y sentirse.

La música continuaba repetitivamente al ritmo de bachata y mi cuerpo disfrutaba a los dos hombres disfrutando mi cuerpo. Poco a poco mi fui quedando sin ropa. Nunca deje los labios de Gerardo, eran tan ricos y sabía cómo humedecer mi cuerpo. Ricardo entonces encontró en mi cuerpo una veta que explorar y poco a poco me fue despojando de mi ropa hasta quedarme solamente con mi tanga especial.

Hasta que Tere se levanto, apago la música y nos fuimos del lugar.

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