El divorcio

Me acuerdo muy bien el día que mis padres nos comunicaron que se iban a divorciar. Con apenas 16 años mi mundo se transformó. Mi hermano les pregunto por qué, así es la vida, contesto lacónicamente mi madre y nosotros nos vimos con resignación. Con los años nos adaptamos. Mi hermano consiguió una beca para estudiar en Estados Unido. Mi hermana se caso y se fue a vivir a la Antigua con su marido. Mi madre y yo nos quedamos compartiendo aquella enorme casa, y nos hicimos excelentes amigas.

Cuando cumplí los 20 años, mi madre insistió que hiciéramos una cena en casa, con amigos, aprovechando la visita de mi hermano. Así que invité a media clase de la Universidad. Mi padre llegó con un regalo sorpresa y todo mundo estuvo contento. Incluyendo a mis dos sobrinos, que la pasaron genial.

Después de las 10, mi hermana algo ebria proponía brindis a todo el mundo, mientras mi cuñado dormía a los peques. Mi madre, platicaba con mi padre, como buenos amigos. Mi hermano, casaqueaba con una amiga, embelesado por su belleza e inteligencia. Yo atendía a lo aguantadores que aún permanecían en casa, esperando terminar con el licor. Todo paso tan rápido que no me di cuenta hasta años después.

Al final de la noche, mi hermano se ofreció llevar a Karla a casa y ya no regreso. Mi hermana la subieron al cuarto porque estaba bastante mal. Mi madre obsesionada con la pulcritud, comenzó a limpiar. Carlos, mi amigo y vecino le ayudo. Cristina también estuvo ahí. Y ahí sucedió el flechazo.

Mi madre y Carlos comenzaron una relación ese día. No me di cuenta como paso, pero paso. El problema de edad es fundamental cuando hay una vida de diferencia. Y cuando tu tienes otras expectativas de tu propia madre.

Yo comencé a sospechar después de unos meses. Carlos pasaba mucho tiempo en casa, pero yo casi nunca estaba. La excusa de llegarme a buscar en los momentos que sabía que no iba a estar, me pareció contradictoria y sospechosa. Pero no quise creer en algo así, cómo puede ser, pensé.

Un día regrese a casa temprano. Le había dicho a mi madre que probablemente no llegaba a dormir, que iba a casa de Heidy, para realizar tareas de la U. Sin embargo, una tía de mi amiga había muerto y todo se canceló. Regresé por la tarde y me encerré en mi cuarto. No había nadie en casa así que me quede dormida hasta que unos gemidos me despertaron.

Era mi madre, me di cuenta por su voz. No dije nada y me sentí contenta al principio, pensando que había encontrado otro hombre con quién pasar sus noches. Sus gemidos eran elocuentes. Me sorprendió, pues nunca antes la había escuchado gritar tanto, con tanta furia por un hombre. No me dejaron dormir. Los gritos de mi madre eran perturbadores. Que envidia, dije, la esta pasando bien.

Me sentí mal con mi padre. Ella gritaba, susurraba y gemía a más no poder. Nunca me hubiera imaginado que mi madre tenía esos comportamientos en la cama. Por lo menos, con mi padre nunca paso nada de esto.

Al otro día, baje tarde y no había nadie en casa. Ella tampoco supo que había pasado la noche ahí, así que, se fue temprano al trabajo, el tipo durmió ahí y pro la tarde todo transcurrió con normalidad. Ella me pregunto cómo me había ido y yo igual. Pero ninguna de los dos dijo la verdad.

Así pasaron los días y mi madre cada vez se ponía mas bonita. Era coqueta y le gustaba aparentar menos edad. Eres una cusca, le dije un día. Cuéntame con quién andas. Ella se sorprendió y cambio de aspecto. Sabía que la había cachado en algo, pero lo negó todo. Con nadie, cómo crees me dijo.

Al cabo de unos meses, las sorprendida fui yo. Esta vez, con mi hermana regresamos a casa a recoger unos papeles que nos iban a servir. Era temprano, se suponía que, a esas horas, nunca estábamos en casa. Así que cuando entramos, nos pareció extraño una bicicleta y una camiseta del Real Madrid tirada en la sala, que decía Carlos atrás.

De pronto comenzamos a escuchar gemidos, los mismos que escuche la otra noche. Pero estos eran más desgarradores. Además, gritaba como loca, dale papi, métela toda, papi. Mi hermana de shute se asomó al segundo nivel y la puerta del cuarto de mi madre estaba abierta. La escena era propia de una película porno de sexo duro. Una imitación más brutal de la película de Gray. Mi madre era el objeto del deseo, pero al mismo tiempo se la estaba pasando tan bien, que no se dio cuenta que sus hijas observaban desde afuera.

Para la dos fue un trauma, ver a nuestra madre, sumisa y a merced de aquel hombre, penetrando con toda clase de juguetes eróticos, mientras este la culeaba, literalmente. Pero nada de eso nos podía espantar más que saber que él tipo con quién mi madre había perdido los estribos, como decía mi abuela, era nuestro vecino y mejor amigo: Carlos.

Y ese fue el punto. Carlos el amigo de toda la vida. Fue el primer novio de mi hermana, cuando estudiaban en secundaria, y según ella me conto, con él perdió la virginidad. Con el tiempo y cuando mi hermana se casó, nos convertimos en buenos amigos. Ayudaba que era el vecino de al lado. Después estudiamos juntos y por unos meses fuimos “amigos con derechos”.

Así es. Yo también me acosté con Carlos, por espacio de unos meses. Hasta que él me presentó a Cristina como su novia, entonces termine esa supuesta relación y evite acostarme con él de nuevo, aun cuando él siempre insistió en continuar nuestra aventura secreta, yo lo evite por todos los medios. Los quería mucho para estropear esa relación, Cristina también es mi amiga.

El asunto fue una sorpresa para nosotras. Ver a mi madre, atada en la cama, mientras Carlos la vejaba como parte de un juego sexual sadomasoquista. Mi madre sollozaba de alegría y placer.

Salimos de casa perturbadas, sin decir nada, por lo impactante de las escenas y la situación tan irreal que vivimos. Mi hermana comenzó a llorar después. Le dije que no era nada, que no podíamos juzgar, que tendrá sus razones. En fin, una serie de justificaciones, para convencernos de que todo estaba bien.

Llamé a mi madre por la noche, le dije que no llegaría. Me quedé en casa de mi hermana. Mi cuñado se preocupo de vernos a las dos hablando tanto, pero nunca supo el asunto. A la semana regrese a casa. Me pareció extraño volver al sitio y no pude mas que confrontar, cuando vi a Carlos en casa. Si quieres, dijo te puedes marchar.  No tienes por qué estar aquí, ya eres grande y si no aceptas esta relación, pues vete, vive con tu padre, dijo enojada mi madre.

Regrese esa misma noche con mi hermana, que me consoló. Al cabo de unos meses nos reconciliamos. Ella me pidió perdón y yo lloré mucho, pero le dije que la comprendía. Mi hermana también se reconcilio con ella. Nos dejo en claro que no dejaría a Carlos, que era muy feliz y que ahora vivirían juntos. Yo regrese un par de veces a casa, pero no podía estar ahí, me sentía mal con la relación. Ella, mi madre comenzó a tener una relación mas abierta con Carlos. Salían a comer, al cine, a todos lados. La gente comenzó hablar de ellos. Era obvio que ese tipo de relaciones daba de que hablar, pero me daba igual. Yo llegaba, cenaba y me regresaba a casa de mi hermana, con quien vivía. A veces me quedaba con mi madre, pero no me sentía bien. Su relación en cambio iba súper bien. Mi madre me confió que estaba enamorada de Carlos. Yo sentí la muerte, sabía que él solo la usaba, un tipo así no quiere a nadie, pero no se lo dije.

Una tarde, le pedí a mi hermana que acompañara a recoger ropa a la casa. Fuimos y encontramos la misma escena, solo que ahora ampliada. Era mi madre con Carlos, pero ahora estaba también Cristina. Mi amiga, ex novia de Carlos. Los dos, mejor dicho los tres montando una escena de película. Mi madre gemía, como siempre. Cristina estaba montada sobre ella, mientras Carlos, disfrutaba a las dos.

Entonces comprendimos que mi padre no tuvo nada que ver en la separación.

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