El convivio, el reencuentro y el sexo frustrado

El convivio de este año se convirtió en un reencuentro con viejos ex novios y nuevos conectes. En un bar de la zona 1, coincidimos reincidentes, e insistentes, para una reunión que se ha convertido en una costumbre de bien.

Ahí encontré al que había sido el amor de mi vida, a quién ya había olvidado y de quién no tenía noticias después de año y medio. Pero ahí estaba. Nos saludamos cordialmente. Los amigos nos miraron, pero no pasó nada. Ni reclamos, ni culpas, mucho menos nostalgia.

Helen que siempre supo lo que hubo entre nosotros, y el porqué se había terminado, me ofreció un trago, pensando que los recuerdos florecerían y quizás temiendo lo peor. Pero no, me comporte como Dios manda en esos casos, tomando en cuenta que también estaba ahí, la chica por quién me dejo, o me engaño.

Qué haces, me dijo. Nada conteste, tomando vino, agregue, para no parecer pesada, pero en realidad me agradaba ese encuentro. Pero el insistió. Te pregunto sobre tu vida, sabes, me dijo, he pensado que cometí un error.

Así, le dije, y cuál fue tu error, pregunté con algo de interés. En fin, comenzó hablar de lo nuestro, de su interés por mí, de sus ganas de volver y esas cosas. Nunca lo interrumpí, pero en el fondo pensaba cosas, dudaba de la veracidad de sus palabras, de los hechos, de nuestro rompimiento, de mis padres y en fin de los amigos que me lo advirtieron.

Ah, dije asombrada, tantas cosas, verdad, pero no me has dicho cuál fue tu error, le dije.

Había sido una persona importante en mi vida, no lo niego. Tuvimos una relación intensa, de más de tres años, en donde nos prometimos amor eterno. Terminamos porque él consiguió otra chica, más joven, más bonita y más sexy, según les dijo a sus amigos. Y que por cierto estaba ahí, en esa fiesta y era lo que revolvía el estómago.

Y por qué no andas con la Shirley, le dije. Quién, me respondió. Ahí me di cuenta que lo cínico seguía intacto. Entonces me di vuelta y la señalé. Esa cerota que esta allá, dije en voz alta. Helen llego a decirme que me calmará. Yo sonreí, él se puso nervioso, balbuceo cosas, yo pedí otra copa de vino.

Entonces, me dijo, quieres volver. No, nunca volvería contigo, le dije. Pero yo te quiero, dijo rogando. Comete un balde de mierda hijo de puta, conteste de inmediato, sin pensar más nada, pues no había nada que pensar. No iba a volver a lo mismo. Nunca, eso estaba más que resuelto. No había por qué darle vueltas al asunto. No volvería con él, así de determinada estaba.

Pero es que tú todavía me atraes, yo todavía siento mucho por ti, repetía una y otra vez. Y en esos momentos me recordé de los buenos tiempos. Tú también me sigues gustando, le dije. Pero eso no significa que quiera tener una relación contigo de nuevo.

Entonces comenzó a tomarme la mano, a susurrarme en el oído, hablarme de cosas lindas y recordar buenos tiempos. Siempre le correspondí. Yo agregaba cosas lindas que me recordaba, y sus manos al contacto con las mías, abrieron otra vez los gustos y necesidades en mí.

Entonces, me preguntaba una y otra vez la misma pregunta. Entonces qué, respondía. Volvemos. Nunca hemos dejado de ser amigos, le dije. No sigas preguntando. Entonces me dio un beso, de esos besos tiernos y ricos que sabía dar. Lo disfrute mucho, y deje que se regodeara con mis labios.

La chica con quién anduvo llego a la barra y pidió un trago, yo solo la vi de reojo, los amigos se pusieron alertas, sabían de mis arrebatos violentos.

Entonces sí, me dijo de nuevo. Quería que le reafirmara que volvíamos a ser novios. Entonces no, dije, y fui yo la que tomo la iniciativa, pero besas rico y devolví el gesto sin importar que los amigos nos miraban. Lo hacia por orgullo, para demarcar territorio, para enojar a la chica o para desquitarme de tanta humillación. No sé, pero le dio un beso de esos que provocan erecciones.

Entonces si, dijo de nuevo. Quiero dejarte en claro lo siguiente querido, nunca volveré a ser tu novia. Nunca. No quiero. Y quiero que entiendas de una vez por todas, que nunca más seremos novios. Te queda claro.

Se quedó callado un rato, me miró fijamente, con ojos de tristeza y melancolía entendiendo que estaba determinada a lo dicho. Dio un trago de cerveza y luego me pregunto. ¿Pero estos besos?

Son solo eso, besos. Pero nunca volveré contigo. Te queda claro, le dije. Y con un escueto sí, me respondió moviendo la cabeza en señal de aprobación.

Aclarado ese asunto, le dije, me puedes seguir besando. Tus besos me siguen gustando. La chica a nuestro lado se dio la vuelta, no sé si enojada o qué, lo cierto es que yo lo estaba disfrutando. Cuando este termino de besarme, ya estaba caliente. Así que le dije que me llevara a otro lado. Crees que me sacar de aquí para continuar con esos besos ricos que me das, le pregunte.

Su rostro de alegría se ilumino y de inmediato sin despedirse de nadie me tomo del brazo y salimos corriendo a la calle.

En la entrada de casa, le di el último beso y le di las gracias por el aventón.

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