Despedidas y despistes

Antes del amanecer quise susurrarle al oído que lo amaba. Pero me contuve. Mis piernas aun temblaban y mis gemidos habían despertado a los vecinos. Era la primera vez en años que sentía tantas sensaciones juntas. Sus arranques pasionales era un subí-baja. Sus manos me quemaban. Mi cuerpo ardía entre sus labios. Después del orgasmo, exclamo un ayyyy sonoro y se acurruco a mi lado hasta quedarse dormido.

Así que me contuve, esperando que el alba llegará pronto y poder retomar aquel vendaval de pasión y amor.

Desafortunadamente no todo sucede como un más lo quiere.

Al otro día, al despertar, me dio un beso, se levanto y se metió al baño. Al salir se sentó a mi lado y me dijo las palabras mágicas. Me marcho. Tan temprano respondí, pensando en que tenía que irse al trabajo o cosas por el estilo.

Si debo irme, te estoy dejando, agrego.

Me quede fría.

Las lágrimas comenzaron a rodar en mi mejilla, mientras él empacaba sus cosas.

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