Despecho

El ambiente era tóxico, porque estaba despechada por aquel hombre que había preferido irse con otra. Así que bebía compulsivamente, sin importar más nada. Uno de los amigos con quién compartía me propuso sexo.

Pero a mí me excitaba ver como bailaba una pareja, quizás por la envidia que me provocaba que tenían una relación estable, mientras yo navegaba por las turbulencias de la infidelidad.

Así que después de bebernos la botella de ron, le dije que nos fuéramos a su apartamento. Nos despedimos del resto de amigos y al salir me tomo la mano con tanta efusividad que me dio envidia ver aquellos novios que se marchaban felices, mientras yo iba por despecho.

Todo termino pronto y no hay nada que reseñar, que de memorable no tuvo nada.

La luz de la luna iluminaba nuestros cuerpos desnudos y mis ojos regresaron a su cuerpo, pero mi cabeza volvió a pensar en él. Mientras un hombre permanecía a mi lado, tendido en aquella cama con sábanas blancas, desnudo y vulnerable, mi mente navegaba en relaciones inaccesibles durante algo más de una hora.

De pronto se despertó y me dijo –¿Sabes que me encantas? En serio –dijo–, después de ver mi rostro ante semejante confesión.

–¿A pesar de que somos la noche y el día? Conteste.
–Sí, a pesar de eso –susurró con una sonrisa–.
–Tú también me encantas –respondí como una chiquilla que devuelve un cumplido, sabiendo que todo es mentira.

Te haré feliz, agrego. Quizás pensando que lo nuestro tendría futuro o que era el inicio de una relación.
–Oh My God! ¡Qué emoción! –dije con cierto sarcasmo–.

Entonces se incorporó y metió sus manos entres mis piernas, como queriendo regresar a la acción. Entonces me puse seria. –Tranquilo, me tengo que ir…. respondí, resuelta a terminar con toda esta farsa y regresar con mi marido de una vez por todas.

 

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