Despecho

Antes de graduarme en la Universidad llegue a pensar que la única forma de salir de todas las deudas acumuladas que tenía era volverme puta. La idea era simple, buscar quién me enganchaba en alguna casa cerrada, llegar por las noches, salir de madrugada y regresar a dormir, para luego asistir a la Universidad como una chica normal. Esa idea se mantuvo un buen tiempo rondando por mi cabeza, pero no había manera de concretar tal cosa. Pero pronto las cosas cambiaron y comencé a trabajar, ganar dinero y dejar los problemas financieros atrás. El sexo también llego de la mano de un chico maravilloso que me hacia sentir toda una reyna. Así surgió el amor. Un sentimiento maravilloso que me hacía perder de vista las cosas que sucedían a mí alrededor. Hasta que una tarde, después de un ardor tremendo en mi vagina, llego de urgencia al médico para que me diga que tengo una enfermedad venérea. No puede ser, le digo contrariada. Solo tengo relaciones con mi novio. Pero él insiste, que estoy contagiada.

Esa tarde lo encaro y me confiesa. Que por curiosidad es asiduo a las barras show y se mete con las putas. No me lo puedo creer, pero es así. Deje todo y maldije sus aventuras. Al cabo de unos años, encontré a una amiga del pueblo y retomamos la amistad. Después de un tiempo me confiesa que trabaja de prostituta en un casa cerrada de la zona 10. Es fácil, me dijo. Ellos tienen tu número, cuando llega un cliente, te ponen un mensaje y llegas a la casa, te cambias ahí y estas una o dos horas y regresas a tu casa como si nada. Una tarde llamé a mi amiga y le dije que aceptaba trabajar de puta, sólo para probar. Dos días después entre una casa en la zona 2. Adentro había otras chicas, unos hombres y una señora amable me recibió y me condujo a otra habitación. Helen da buenas referencias tuyas, me dijo. El negocio es el siguiente: el cliente paga Q600 a ti te corresponden Q250 y no tardas más de una hora con él, si no se le cobra extra y si el cliente se niega a pagar te lo descuento a ti. Aquí te damos ropa, si no tienes y solo queremos saber tus horarios para mantenerte en la lista de disponibles. Y los preservativos, pregunte. Es tu decisión me contesto. Si te enfermas te vas. Pero si el cliente te paga más y tu quieres, tú decides. Entendido el trato, me vistió y me pinto de inmediato y estuve unas horas hasta que llego un cliente. Pero como siempre pasa en esas circunstancias, dije que no, me iba. Esa vida no era para mí.

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