Desilusión y coraje

Tips-iMujer-Consejos-de-seduccionTomaba café después del trabajo cuando un jovencito me saludo. Puedo sentarme aquí, dijo con un dejo de seguridad que me asombro. A su edad los chavos de mi generación no hacían eso.

Con soltura me echo un rollo sobre su vida. Cómo qué me importara, le seguí la corriente durante casi una hora, hasta que logro captar mi atención.

Quiero darte un beso, me dijo, mientras acercaba sus labios a mi boca.

No dije ni hice nada para impedirlo. Y me pareció un beso muy tierno. Lindo.

De pronto su mano estaba entre mis piernas.

Eres atrevido, le dije, sin impedirlo.

Deseo hacerte el amor, susurro en mis oídos y eso me puso la piel de gallina.

Lo mire y por un instante no pensé nada más. Hazlo, dije también susurrando mi deseo.

Mientras tanto mi marido llamaba insistentemente. Estaba afuera esperándome.

Me despedí con un sugestivo, te veo mañana.

Pero ese mañana nunca llegó.

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