Desencuentros del sexo casual

La música invitaba a bailar. Los ritmos eran pegajosos y rodaban mi cuerpo, asechando mis deseos. Las luces nos hacían ver a todos iguales, con marcas y sin sentimientos. Un tipo que en ese momento me pareció guapo, acertó en dos palabras y mi mente, como termostato comenzó a funcionar. Después, todo fue funcional. La necesidad de besar unos labios carnosos, el deseo de mi cuerpo ardiente por apagar todos los pecados posibles. Qué suerte, bailando con alguien que solo quería coger conmigo, justo en el momento que yo deseaba algo similar. Les dije adiós a las amigas, iba feliz tocando el destino. Todo sucedió tan rápido que nos quedamos dormidos. Me desperté al otro día, por el timbre telefónico que indicaba que debíamos abandonar la habitación. No me dio tiempo a bañarme. A mi lado un desconocido, desnudo, asqueroso, que aún no despertaba. Arrepentida, mi mente repasaba todos los momentos previos y no había nada de diversión, ni placer.

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