De lo normal a la locura.

Me paso con Javier y con Daniel. Ambos fueron mis novios en distintas épocas, de ambos me enamoré y con ambos tuve relaciones muy placenteras.

Con Javier, cuando iniciamos a tener relaciones, yo aún era virgen. Así que además de ser el primer hombre, también me provoco mi primer orgasmo.

Con el tiempo alcanzaba el orgasmo, pero todo normal. No se daba calidad en mi relación y nada fuera de eso, me aseguraba mayor placer. Hasta que nuestra relación se convirtió en rutina y nos dejamos.

A partir de ahí estuve con tres novios más, pero nada duraba mucho. Era feliz soltera y terminaba las relaciones por cualquier motivo y continuaba con mi vida. Para lograr tener orgasmos recurría a Javier, sin importar si tenia novia o no, era buscar el placer con el primer novio.

Le estropee varias relaciones al pobre, pero pensaba que no podía lograr un orgasmo con otro hombre, más que con él. Sin embargo, ya entre los dos no había sentimientos, creo que el tampoco me gozaba como yo a él, solo me hacia el favor y se aprovechaba del asunto.

Hasta que conocí a Daniel. El me cambio la perspectiva de la relación. Nada celoso, poco simpático, pero bastante detallista conmigo.

Eso lo llevo con el tiempo conocer mi cuerpo mejor que yo. Fue como poner atención a mis gustos y complacerme. Y sucedió algo extraño, al principio fue fácil alcanzar el orgasmo con él. Pero con el tiempo, las cosas se fueron poniendo más intensas.

El orgasmo venia de inmediato y por cualquier motivo. Así que el placer era intenso, pues había ocasiones que lograba hasta tres o cuatro orgasmos en un mismo rato.

Con el tiempo las cosas fueron más intensas y entonces gritaba como loca, por el placer que me provocaba. Era tan intenso que decidimos no tener más relaciones, ni en mi casa, ni en la suya, sino más bien comenzamos a pagar moteles en donde yo pudiera gritar como lo hacía.

Y con el tiempo, en lugar de disminuir el placer se convirtió en algo superior, hasta que de los gritos pase a llorar de felicidad. Por el puro gusto de sentir esa sensación tan especial que te provoca el orgasmo, comenzaba a llorar y gritar al mismo tiempo.

Al principio desconcerté a Daniel y fue un poco más mesurado, pero le intenté explicar que no sabía que me pasaba, pero seguro era tan intenso el placer que así reaccionaba y que por nada del mundo esperaba que se frenara.

Eso nos duró tres años, hasta que Daniel se cansó de mí y se fue. Ahora solo por el gusto de verlo, me excito. Y ya nadie más ha logrado que me venga con tanta facilidad.
Y de nuevo volví a buscar a Javier, ahora para que me apacigüe de tanta pasión.

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