Cuando no le gustan las mujeres directas

Mi amigo Pedro y su novia insistieron tanto para que saliera y dejará el aburrimiento que llevaba que no pude negarme.

Karla había invitado a Ernesto quién llego fingiendo que todo era casualidad al restaurante donde cenábamos.

Me saludo como quién me conoce de años. Se sentó a mi lado y pido cerveza cabro y después de un rato nos quedamos solos, sin mucho de qué hablar. Hasta que le pregunte si había llevado preservativos.

Se sintió mal, creo que no esperaba esa pregunta de mi parte. Cómo crees dijo indignado y molesto. Pues porque sé a qué vienes, te lo pregunto, para que no nos agarre después de sorpresa, le conteste amablemente. Sin aspavientos.

Pero creo que no estaba acostumbrado a recibir de parte de una chica las cosas tan directamente. Mis amigos llegaron y se incorporan a la plática mientras él se despidió con premura.

Qué paso, dijo Karla, asombrada de la reacción. Nade, le dije. Tiene que irse. Su novia lo llamo. Ellos se quedaron con duda. Yo estaba contenta. La noche valió la pena.

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