Celoso

Una tarde, después de un partido de fútbol en la Universidad, me enrolle con Daniel.

Nunca pensé en tener una relación seria con él. Es más, meses antes me propuso que fuéramos amigos con derechos y en esa ocasión le dije que no. Pero esa tarde, simplemente se dio, porque quise y porque era muy guapo para decir que no.

Pero era consciente que no tendría una relación con él, pues era un mujeriego empedernido, así lo había conocido, y aún así, quise ser otra de sus conquistas. Pero nada más eso.

La primera vez que lo haces con alguien generalmente no sale como uno quiere o una lo espera, pero esa tarde todo sucedió bien. Como que nos conociéramos de tiempo y con súper detalles de su parte, fue una atracción mutua que nuestros cuerpos se adaptaron tan bien que el tiempo se nos paso tan rápido que ambos quedamos picados para continuar.

Fue de esos encuentros que la mente, el cuerpo y el alma se conjugan para tener una sola perspectiva y disfrutar el momento al máximo.

Pero claro, días después las cosas comenzaron a tomar un rumbo distinto. El comenzó a frecuentarme, comportándose como un tipo posesivo y celoso. Vamos hacer amigos con beneficios, le dije, porque me gusto acostarme contigo, pero no somos, ni seremos novios, le advertí.

Pero no entendió nada.  Después de tres meses, había salido tres veces mas con él y también me lo había pasado bien. Pero no pasaba por mi mente que teníamos una relación más seria. Siempre lo bromeaba y le preguntaba por sus otras chicas. A mí, me daba igual que hiciera con su vida.

Yo me había fijado en otro chavo. El también me pretendía y quería corresponder. Así que esa noche llego Daniel a buscarme a casa para salir y le dije que no podía, pues había quedado con Jorge, para salir.

Y ahí comenzaron los líos. Se puso furioso. Su comportamiento y las cosas que decía me inquietaron. MI hermano llego al cuarto para ver que pasaba, pues él alzaba la voz agresivamente. Mi hermano le pidió que se fuera y se fue maltratando a todo mundo.

Esa noche salimos con Jorge a bailar, con un grupo de amigos y seguro no iba a pasar nada, pues no era ese el plan. Pero después de unas horas, Daniel me mando unas fotos con unas chicas. Quizás para darme celos, quizás no sé muy bien el objetivo, pero provoco lo contrario.

Mi amiga Esther sabía del asunto y me dijo. Tiene celos que sales con Jorge, pero te manda fotos con sus agarres. No entiendo nada, le dije. Esther me aconsejo que no respondiera, que lo bloqueara, pero sus mensajes eran insistentes y abusivos.

Ya con mis rollos, comencé a coquetear descaradamente con Jorge, que más da, le dije a Esther, ahora me lo llevo al motel. Y así fue.

Al entrar aquel cuarto del segundo nivel de la habitación, un sonoro mensaje de Daniel me invadió la intimidad. Jorge me pregunto y le conté. Es mi amigo Daniel besando a fulana, le dije. Y por que te maltrata, me pregunto. No sé. Es un burro, respondí. A responder iba cuando sentí el aliento de Jorge y su respiración profunda en mi cuello.

Deje el teléfono en aquella mesa y fue suficiente para un encuentro interminable de pasión. Mientras los mensajes de Daniel seguían entrando, yo daba de gritos en aquel oscuro y lúgubre motel.

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