Aventuras del sexo casual

Una noche de borrachera con tequila se quita por la mañana, con una buena dosis de jugo de manzana con limón y para quedar como nueva sexo oral. Esas fueron sus palabras y su actitud me convenció. Ya con el alcohol en las venas y el ambiente cool, el reto era comprobar que tan ciertas resultaban. En dos horas me empine todo el tequila que quedaba en esa casa. Mis amigas querían frenar aquel ímpetu, mis amigos se sorteaban el turno, haber a quién elegiría para pasar la noche, pero Javier, un tipo que recién había conocido en esa fiesta y quién dijo la frase del tequila, era el elegido. Así transcurría la reunión aquella madrugada, hasta que el beso oportuno y decidido cambio todo. Nos prestas la habitación de visitas, le dije a Gaby la dueña del apartamento. Ya en el cuarto todo daba vueltas, los besos no sabían igual y el sexo tendría que esperar. Ni nuestros cuerpos desnudos, ni nuestras mentes zombis podían hacer nada ante el efecto que nos provocaba tanto tequila en nuestra sangre. Me desperté  por la mañana y Javier aún dormía. Me metí al baño, quería estar limpia para el sexo oral que me había prometido. El tequila había hecho estragos en ambos. Al salir lo desperté. Mi mente aún estaba alcoholizada, le ofrecí el jugo de manzana con limón que tanto presumió, el quería platicar, pero mi cuerpo quería sexo. Su aliento no era el mejor del mundo y su entusiasmo tampoco. Abrí las piernas, esperando que cumpliera su promesa. Vamos nene, tu lo prometiste le dije, pero su mente y su cuerpo no estaban para esas cosas. Yo insistía, necia como soy. De pronto comenzó a vomitar sobre mi cuerpo y yo comencé a gritar. Los otros amigos llegaron corriendo y vieron la desagradable escena. Las risas y la vergüenza fueron los temas del día.

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