Así tiene que ser

La primera reacción que tuve fue de enojo. Después me aislé hasta negar la realidad de nuestra ruptura. Fueron emociones dolorosas. Intente que todo estuviera bien, pero no era así. Mis amigas siempre me decían lo mismo. Recuerda que las cosas cambian todos los días, ya vendrá el amor de tu vida. Puta, yo no quiero el amor de mi vida, contestaba. Al final me ponía insoportable.

Conforme pasó el tiempo las cosas se fueron poniendo más claras y comencé a redirigir mi enojo a otras cosas sin importancia. Es cierto que al principio necesite culpar a alguien de todo lo que había pasado. De manera consciente me di cuenta que no había que culpar a nadie. Así fue como comencé a controlar mis emociones.

Luego comencé a llevar una vida de extremos, excesos y derroches que me hacían ponerme a tiro de cualquiera. Fue así como aprendí que tipo de persona era. Y qué tipo de sexo necesitaba.  Comencé a ver el sexo como un elemento necesario para llevar una vida sana y plena. Mis citas eran para tener sexo, no una relación.

Así que esa noche, el me pidió ir con él a su apartamento. De inmediato le dije que sí, aún cuando tenía poco tiempo de conocerlo. Cuando llegamos de inmediato nos metimos a la cama. Y fue la primera vez que disfrute una relación sexual, sin culpa, sin ataduras, sin menosprecio, con ganas.

Además de sentir su cuerpo, sentí el mío. Esa noche tuvo dos orgasmos hasta que me dormí. Luego por la mañana hubo otro. Me bañe, le dije que había estado estupendo, antes de tomar mis cosas. Espera, me dijo, desayunemos. No puedo le conteste, tengo que ir a casa a cambiarme y luego al trabajo. Entonces salió conmigo, para acompañarme. Me dio un beso y me dijo que me llamaría. Le dije adiós, y ya no lo volví a ver. Así tenía que ser.

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