Al borde de la locura

En la universidad, una de mis mejores amigas engañaba a su novio. Tanto su novio como el otro eran mis amigos. Yo estaba partida, sin saber qué hace pues los quería bien a los tres, así que estaba partida.

Mis padres construyeron dos apartamentos en el patio de casa. Cuando crecimos con mi hermano, nos lo dieron para que tuviéramos más independencia, siempre dentro de casa.

Para mantener mis estudios y mi independencia económica, rente uno de los cuarto a mi mejor amiga. Al principio todo estaba bien, la convivencia era maravillosa.

De pronto comenzó a llevar a su novio, lo cual no me molesto en lo mas mínimo, pues también era mi amigo. Así que los tres compartíamos el espacio de aquel pequeño y acogedor apartamento que mis padres construyeron y que habitaba.

Después vino lo otro. Una tarde regresé temprano a casa, en la U se habían suspendido las clases y nada me regresé. Cuando entre escuche unos gemidos de lo más dramáticos, que antes no había escuchado. Al principio pensé que mi amiga estaba con el novio y no me preocupe. Tampoco ellos se dieron por enterados.

Pero cuando todo termino, entre al cuarto, como siempre hacía y me sorpresa fue encontrar a Javier, otro amigo mío, desnudo en la cama con mi amiga. Ella le hacia sexo oral.

Claro que fue una enorme sorpresa. Me di la vuelta y los deje terminar. Por la noche mi amiga intento explicar la situación. Yo le pregunté por qué, si Juan y ella se aman.

Su respuesta fue tan simple que me pareció lógica. Con Juan, tengo asegurada la vida, pero con Javier el placer. Por qué renunciaría a uno, si los puedo tener a los dos.

Después de eso, todas las tardes, cuando ella regresaba de sus prácticas, se encerraba con Javier y cogían hasta entrada la noche. A veces, solía llegar Juan, el novio. Pero generalmente ellos se veían los fines de semana. Y claro que cogían, pero no en la intensidad y la forma en que Javier se lo hacía.

Entonces acepté la situación y comprendí que mi papel era de tapadera de una infidelidad. Quién era yo, para juzgar a mi amiga. Hasta envidia me daba.

Un día se le juntaron los tres en mi casa. Ella estaba con Javier, tirados en la cama de su cuarto, a punto de hacer el amor, cuando llegó Juan. Lo retuve un tanto en la sala, mientras ellos volvían a la normalidad. Pero era más que obvio que algo había entre ellos.

Juan no se dio por enterado y la relación continua como que si nada. Javier tampoco se dio por enterado, hasta que termino enamorándose de mi amiga y exigió un trato exclusivo. Una noche escuche cuando Javier la amenazó: o lo deja, o le digo que cogemos desde hace dos años, le dijo. Ella se sonrío y no dijo nada. Solo lo dejo a él. Ahora vive con Juan, su novio.

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