Adióses complicados

En ese momento abrió los ojos y lo vi arrodillado a mis pies, besando cada uno de mis dedos con mucha pasión y cuidado. Entonces le susurré al oído lo mucho que lo amaba.

En se puso de pie de inmediato y muy sonrojado dijo algo que no pude entender.

Yo le quite la chaqueta y él siguió besándome el cuello. Yo gemía a ratos, y mis pies desnudos encontraron de nuevo esas caricias que había iniciado todo.

Así fue nuestra noche de despedida. Entre el llanto de perder y la agonía por conocer el placer, más allá de los cánones de la cordura y el sentimiento.

Ve voy porque no te puedo amar, fueron sus palabras, esas que no entendí al principio.

Me quedo, porque te siento mío, dije entre el llanto del adiós y el llanto del placer orgásmico que ese hombre me provocaba.

Te gusta? Comparte

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *