Abandono del amigo

Aún no daban las ocho de la noche cuando me levante de la mesa y di las gracias. Mis padres discutían si iban al cine o al teatro. Mi hermana había para no llegar a dormir, mientras mi hermano andaba con la novia en Antigua. Yo me refugie en mi cuarto, me quite la ropa, me puse calcetas para el frio y un sudadero viejo, encendí la televisión y me percate que era sábado de terror en todos los canales. Quería dormir, descansar de tanto corre corre de la semana. Apague la tv, programe música en mi teléfono y me enchamarre. El sueño me invadió de inmediato, tanto que ni cuenta me di  cuando mis padres se fueron. Antes de las 10 de la noche la música se interrumpió y el teléfono sonó con insistencia. Me extraño, pensé que algo les había pasado a mis padres o mis hermanos, conteste sin ver quién llamaba. Mi sorpresa fue escuchar la voz de Pedro. Y vos que onda, le dije. Puta, no te puedo llamar, me contesto. Mi asombro no daba lugar a dudas, esa respuesta no podía ser de otra persona si no de él. Con Pedro nos unía más que amistad. Durante un tiempo, muy corto, habíamos tenido agarre. Fuimos como dicen por ahí, amigos con derechos. No duro mucho, pues él de pronto desapareció, dejo de llamar, nunca más nos volvimos a ver y esporádicamente sabía de sus cosas por facebook, sin que estableciéramos ningún contacto más allá de eso. Con el tiempo me contaron que había conocido a una chica y andaba enculado con ella, pero los celos que provocaba lo aislaron del resto de amistades. Esa historia, era parte cierta, pero había otra parte que solo yo sabia y que no tenía nada que ver con el noviazgo. En realidad siempre pensé que me evitaba. Tenía miedo de enredarse conmigo, más allá del sexo, que por cierto era bueno. Si me afecto su actitud, porque al margen de todo, era un buen amigo y el sexo era bueno, pero nunca consideré algo serio. Esa noche, llamo y me sorprendió. Qué haces patoja, me pregunto. Durmiendo, pendejo, le conteste. Qué¡¡¡ exclamo. Es sábado y apenas van a dar las 10. Vamos levántate, salgamos. Tas loco, ya estoy durmiendo, conteste. Naa, vamos, cámbiate. Ya estoy a 15 minutos de tu casa. Déjate de tonteras, vístete, que paso por ti. Te dije que no, tonto. Sabes qué, le dije, porque no vienes a casa y la pasamos aquí, total mis padres no están, estoy sola y te puedo recibir sin problemas. Con eso, ya estaba aceptando juntarme con él. Ahora solo era cuestión de negociar y él lo sabía y se aprovecho de eso. No dijo tajante. Ya voy llegando a tu casa así que alístate. Ah¡¡¡ agrego, pero no quiero que salga así, quiero que te vistas de fiesta, vamos a bailar. Ah, dije desolada, yo pensé que me llamabas para coger. Bailar no quiero, agregue. El se sonrió tímidamente. Y de forma impositiva me dijo: Te pones el vestido negro de tirantes. Puta y hasta con gustos, cómo crees, con este frio que me puede dar bronquitis., le recrimine. Ya el asunto era que llevaría puesto, no si saldría con él o no. No importa, agrego, ponte medias si quieres y un saco, que cubra el frio, pero te quiero con ese vestido. No lo podía creer, pero salí de entre las sabanas y me comencé a quitar la ropa para buscar el bendito vestido negro que tanto le gustaba a mi amigo. Ya estas lista, dijo antes de colgar. Ya, le conteste. Entonces sal a la esquina de tu casa que en 10 minutos paso por ti.  Pues obediente, así lo hice. Ya iban a dar las 10, y la esquina estaba vacía. Pose por unos minutos y me sentí siendo una prostituta vestida para la ocasión, esperando clientes.  Me asuste cuando un carro paso, y un señor dentro del mismo me pregunto algo, quizás el precio, no sé bien, pero lo maltrate y camine en contra sentido. Afortunadamente mi amigo estaba a pocos metros, así que corrí y me subí al carro. Le conté la odisea y su respuesta me dejo más intranquila. Te gusto ser puta, dijo. Como crees, estúpido, le conteste. En camino íbamos cuando surgió de nuevo a donde me llevaba. Entonces dijo lo mismo, vamos a comer y luego a bailar algún antro. Naaa, dije con desgano, vamos a coger, le dije. En serio quieres coger, me pregunto. Y por qué no, respondí. Así que buscando un motel, le recordé que mi casa estaba sola. Vamos a casa. No seas tonto, dije. Llegamos, abrí la puerta con calma, pensando que quizás mis padres ya estaban en casa, pero no. Todo estaba en silencio. Le dije que no podía meter el carro, pues mis padres se darían cuenta, pero en la calle no pasaba nada. La colonia era bien tranquila. Era primera vez que entraba a mi cuarto. Toda la ropa estaba tirada y la cama desecha. El frio del lugar se fue aminorando poco a poco con las caricias que nos dábamos. Sus besos no eran tiernos ni apasionados, pero el resto lo hacía bien. Todo transcurrió con calma y cuando logre el orgasmo, el se vino también. Afortunadamente mis gritos se apagaron de inmediato, puesto que unos minutos más tarde mis padres llegaron. Los escuchamos entrar, hablaron un poco y luego se fueron al cuarto. Media hora después mi hermano entro también. Mientras tanto, nosotros nos quedamos tendidos en cama, abrazados, agazapados disfrutando nuestros cuerpos desnudos, sin decir nada, esperando retomar la actividad cuando el sueño invadiera al resto de habitantes. Eso sucedió pronto. Y volvimos a la carga, dos veces más, hasta quedarnos dormidos. Me desperté al cado de unas horas, y la luz del día alumbraba el cuarto y el ruido de la calle se mezclaba con los primeros pasos de mi madre en la cocina. Me fui al baño, me lave los dientes y orine tanto que mi madre me pregunto si estaba bien, sin sospechar nada. Voy a seguir durmiendo, le dije. Pero cuando regrese a la cama, me encontré de nuevo con aquel cuerpo desnudo de mi amigo, con el pene erecto. Y aprovechamos el calor de la amistad. Después me levante y le pedí que se vistiera, iba a ver como lo sacaba de casa sin que mis padres se dieran cuenta. Mis padres estaban por irse, pero antes me pregunto si sabía de quién era el carro que estaba frente a la casa. Me puse nerviosa, pero mi madre contestó de inmediato, seguro de algún amigo de tu hermano. Ese siempre trae gente a la casa, agrego. Mis padres iban a la Terminal, hacer la compra. Mi hermano todavía dormía. Así que contenta regrese al cuarto y comencé a desvestir de nuevo a mi amigo. Vamos, la despedida le insistía. Hasta que sus recursos cedieron y me complació por quinta vez. Y así fue, esa fue la despedida. Desde ese día no he vuelto a saber de él. La novia, lo tiene secuestrado.

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