Mis clases de manejo
Cuando estaba en la Universidad había un tipo que me gustaba mucho. Pero nunca supe bien como era. Yo todo el tiempo con insinuaciones. Nunca se dio cuenta de nada, o se hizo el loco, pero a veces era tan lanzada provocándole, que pienso que él se lo tomaba a broma.
Él era el típico amigo de todo mundo que siempre andaba relajado. Rodeado de chicas, que no lo dejaban ni a sol ni a sombra. Sin embargo, nunca nadie le conoció nada con nadie. Era un poco raro, ahora que recuerdo.
Un día platicando le comenté que estaba aprendiendo a manejar, y él amablemente se ofreció a darme clases privadas. Fue la ocasión perfecta para salir con él.
El primer sábado, dispuse que luego de las clases, yo lo invitara al cine, en retribución a su disposición de enseñarme. Fue todo un día de compartir con él. Al final termine sin saber manejar, pero más enamorada del tipo. Bueno, un amor platónico, pues en todo el tiempo juntos, ni una insinuación, ni nada de parte de él.
El sábado siguiente le propuse que me llevará lejos, a un lugar solitario, para poder meter la tercera y cuarta. Mi intención era otra. Cambiar las velocidades no era problema ya. No se si lo noto pero era insistete. Yo pensé, o es hoy o nunca.
Ese día lleve una falta corta. Una blusa que dejaba ver parte de mis pechos y unos zapatos muy sexys. No era pensando en las clases del manejo. Quería verme sexy para él. El se dio cuanta de mis verdaderos motivos. Y ese sábado quería que me tuviera entre sus brazos. Quería hacer el amor en el carro. Sólo pensarlo me excitaba mucho.
Cuando tome el volante, hice que el carro se ahogará a pocos metros. El me tranquilizó. No te preocupes me dijo, prueba de nuevo. Ahí mismo le tome la mano y la lleve entre mis piernas. Prueba tú, le susurre.
En realidad, su sola presencia me mojaba toda. El se dio cuanta desde el principio. Pero sus besos no eran ni apasionados, ni ricos. Más bien, fueron sosos. No sabía besar. Fue mi primera decepción. Me dije: en donde están aquellos besos tan esperados con los que había soñado.
Al final el tipo me resulto tímido. Su encanto se desvanecía rápidamente. Lo tome del cuello y le di un beso súper apasionado, de esos que no dejan respirar bien, pero pronto me aparto y me dijo que no le gustaban así.
En realidad yo está ahí para que hicieramos el amor, y no iba a desperdiciar la oortunidad. Lo toqué, y también reaccionó mal. Baje el sillón el carro, colocándome encima de él, ya sin el hilo dental que llevaba en esa ocasión. Déjame, le dije, tu relájate.
Cuando le colocaba el preservativo, me di cuenta que no está aún bien erecto. ¿qué pasa? Pensé. Lo presioné fuerte, y le pase mi lengua en su prepucio. Luego le agite sus genitales y me provocó hacerle el sexo oral, pero seguía sin reaccionar. Fue un instante difícil. pero si es gay?. El no reaccionaba y yo en cambio está muy excitada. Decidí continuar.
No puedo me dijo, en el carro me pongo nervioso y no funcionó. Esta bien le dije, vamos al motel cercano. Mis clases de manejo se convirtieron en clases de sexo, pero en donde yo no era la alumna sino la maestra.
Yo tuve que pagar el motel. Yo llevaba los preservativos. Yo tuve que desnudarlo. En fin, me acuerdo me necesidad de tener sexo con él. Ahora que lo recuerdo, me da un poco de tristeza y un poco de colera. Dejá por un momento tu timidez le dije.
De regreso en la universidad, el tema de las clases de manejo ni se toco. Hasta hoy sigo sin poderme estacionar. Y no sé si él aprendió algo de mí, porque ya no regresó para la segunda clase. Después de todo, su lado relajado ya no me pareció tan atractivo.









