En quien está la esperanza

Por Kajkoj Maximo Ba Tiul –
ajpop2004@yahoo.es

Estamos a pocos días de terminar el año 2018. Todos cristianos o no, envueltos y embrutecidos por la costumbre consumista de celebrar estas fechas. Los cohetes, las luces de colores, los arbolitos artificiales, los estrenos y la moda, convierten en estas fechas en momentos de consumo. Ahora por todos lados se organizan desfiles navideños y se instalan arboles gigantes en los parques. Los gobiernos municipales, organizan conciertos en los parques. Los empleadores organizan convivios supuestamente como “regalos” para sus trabajadores. Ahora se convoca a todos a las mega plazaspara apreciar la quema de juegos pirotécnicos, para esperar el año nuevo y despedir el 2018-

Se acaba de celebrar otro año más del nacimiento de Jesús. Un hombre como muchos que optan por los “pobres”, convertido en Dios y a quien se le pide su intercesión o que conceda favores. Este hombre histórico, profeta, revolucionario, ya convertido en Dios, se le desencarna y ahora ha sido motivo de que algunos se han enriquecido con los aportes de los pobres y otros tanto, esconden en el supuesto servicio a su iglesia, su vida real: narcos, asesinos, genocidas, corruptos, pedófilos, violadores, opresores, represores, etc., olvidándose que ese “Tal Jesús”, cuando caminaba por sus tierras y territorios, expulsó del templo a los mercaderes, porque estos lo habían convertido en cueva de ladrones.

La mayoría le piden que el próximo año sea mejor que este. Otros hacen votos de que no volverán a cometer los mismos errores que cometieron durante el año que está por terminar. Muchos, estarán pidiendo trabajo, una casa, que se acabe la violencia, incluso, no pocos, estarán pidiendo que les vaya bien cuando inicien el camino hacia el norte. A los niños se les orienta que él y Santa Claus es quien manda los regalos, sin enseñarles que ha sido el trabajo del papá o de la mamá, o que se lo ha enviado algún familiar que se está fajando allá en el norte o donde esté de migrante.

E incluso, se les olvida decirles que es producto de un préstamo que sacaron en algún banco o como sucede ahora en los pueblos de Guatemala, que se presta a alguna persona que lava dinero del crimen organizado y que llega cobras todos los días, en las casas o a las puertas de las tiendas o lugares de trabajo de las personas, con la consabida amenazas de que si no paga, se las tendrá que ver con ellos.

Las tarjetas de crédito se disparan. Los almacenes siguen ganando. Vendrá el primer mes escolar y no han para las inscripciones o para comprar cuadernos, porque todo ya se ha gastado en estas dos semanas. Los bancos ya están anunciando los préstamos escolares.

Los colegios, están promocionando que la inscripción es gratis, y que se paga solo el primer mes. Claro, porque la educación es una mercancía y el estudiante es un cliente. No es un sujeto que hay que formar, proveerlo de conocimiento, para el futuro. Si no que es un comprador de la educación, como sucede con la salud y la vivienda. En el mundo de hoy, los derechos humanos son mercancías. Ya solo falta que se pueda ir a comprar educación en los supermercados o las megas plazas.

Nuestro planeta, nuestra gran casa, la casa de todos, es escenario de muchas realidades. No existe una sola realidad, son muchas y entrelazadas. Cada quien lo presenta como bien le parece.

Lamentablemente nos quedamos con la realidad de la violencia, de la corrupción, de la impunidad.

No nos atrevemos a ver que la realidad es mucho más profunda que las situaciones malas que nos ofrecen los medios de comunicación. La realidad solo lo podemos ver con “los ojos del corazón”, como dice el Principito. La realidad está marcada por la pobreza, la miseria, el hambre, generado por un modelo económico salvaje que está en manos de los más ricos del mundo y que se hicieron ricos explotando la riqueza que era de los que ahora son pobres.

El 2018 dejó mucho dolor en todos los seres humanos. La guerra generada por la ambición de los gobiernos de los países del primer mundo, para despojar de los recursos a los países que consideran sus colonias, ha dejado miles y miles de muertes. La pobreza que igualmente es generada por esa misma ambición, dejó a familias con mucho dolor. Tanto las guerras, como el despojo de tierra y territorios, además de la consabida corrupción, son la causa de constante migraciones humanas a otros países, como el mayor éxodo centroamericano hacia el país del norte. Además de la consolidación de la derecha neofacista en el mundo y el continente centroamericano, abre otras frustraciones para los pueblos que estaban recuperando su dignidad. Colombia, Perú, Brasil, Argentina, Honduras, son el ejemplo del retorno de la extrema derecha. Nicaragua, El Salvador, el ejemplo de una izquierda neoliberal al servicio del gobierno del Norte. Guatemala, sigue desde la firma de la paz con gobiernos títeres del narco-militarismo-corrupto.

La llegada de AMLO al gobierno de México, abre una puerta de esperanza para América Latina. Tal vez en su periodo de gobierno no podrá derrotar al neoliberalismo, sostenido por el crimen organizado, pero tiene la posibilidad de dejar una ruta para devolverle la dignidad al heroico pueblo de Zapata. Además abre el camino para que otros países puedan construir su propio camino de cambios, para avanzar hacia un sistema más justo y humano, que es lo que se desea.

Regresando a Guatemala. Desde la firma de la paz, en vez de avanzar se está retrocediendo paso a paso. Las intenciones objetivas de los acuerdos de paz quedaron en el vacío. Se echaron en saco roto. Se desarrolló un modelo asistencialista y proteccionista de los ciudadanos, que ahora se ve imposible conformar un frente fuerte para cambiar el sistema corrupto del país. Como hemos afirmado innumerables veces, de los gobiernos que se ha tenido desde los acuerdos de paz, este ha sido, aunque no el único mediocre, pero si el más mediocre de nuestra breve historia de 22 años.

Un gobierno que consolida la corrupción y la impunidad. Abandonando la función misma de un gobierno. Mientras el hambre, la pobreza, la miseria, campea por todos lados. Este gobierno se dedicó a defenderse y a echar a la borda lo poco se ha avanzado para desterrar la corrupción. Una ciudadanía y un movimiento social, que igual, se ha enredado en contestar las acciones de gobierno y no a consolidar organización y formación para el cambio.

El año 2019 comenzaremos con el llamado a nuevas elecciones y en junio se estará realizando la primera vuelta de las mismas. El Tribunal Supremo Electoral dice que van más de 27 partidos políticos inscritos. Estos partidos son de todos los colores. Cada uno con su propia propuesta de país. Unos nuevos de nombre y viejos de dirigencia. Otros verdaderamente nuevos. Pero ninguno con una propuesta real para el país. Van desde la derecha a la izquierda, pero todos con una visión progresista y populista. No se vislumbra hasta el momento un frente fuerte para derrotar a la vieja política corrupta. Por todos lados, ya está corriendo plata de financiamiento a los partidos. Por la persecución penal que conlleva el financiamiento electoral ilícito, ahora lo están dando ya no directamente al partido, sino a los candidatos a alcaldes. En los pueblos ya están corriendo los premios y puntos, como si fuera una lotería en plena crisis.

¿Habrá alguna esperanza de cambio para los guatemaltecos?. Lo cierto es que la esperanza no debe estar en los partidos políticos. Como tampoco debemos poner todas las esperanzas en la CICIG. La
esperanza es que se conforme un frente popular con capacidad de organizar y formar a la mayor parte de los guatemaltecos (hombre y mujeres), para impulsar los cambios profundos que se necesitan. Si la esperanza está en las elecciones, entonces que se avance hacia la conformación de un frente de partidos políticos y movimientos sociales progresistas. Digo progresistas, porque a estas alturas seguimos sin ver un frente de izquierdas, porque no hay en Guatemala. La izquierda comenzó a morir con la firma de la paz y ahora solo quedan retazos que ha sido imposible organizar.

Ahora bien, este frente debe de estar cimentado sobre principios y valores muy profundos. Más que la democracia, los principios deben ser de trasparencia, honestidad, honorabilidad, respeto, tolerancia, humildad. Pero, sin que se entienda como frustrante, pero hasta el momento, incluso los nuevos partidos de dizque “izquierda” o los que llamo progresistas, tienen como candidatos a personas que ya participaron en diferentes partidos acusados ahora de corrupción. Por todos lados, escuchamos nombres de personas que ya están casi nominadas por los nuevos partidos políticos como sus posibles candidatos, muchos de ellos, manchados con mucha o poca corrupción.

Entonces, así, será difícil que en poco tiempo haya verdaderos cambios en el país.

Para que Guatemala, pueda tener un nuevo grupo de políticos, tendremos que cambiar nuestra cultura política y entender que Guatemala es mucho más grande que nuestros intereses. Que Guatemala, exige una reingeniera política a profundidad, como si pasáramos la guadaña, para acabar con todo lo malo que hay. Aunque esto va de proceso en proceso, pero si no se sientan las bases como lo hicieron otros países, no avanzaremos nunca.

www.albedrio.org

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