Ángel Cappa: “El fútbol sigue perteneciendo a la clase obrera”

Pablo Elorduy /@pelorduy

River Plate y Boca Juniors, los dos equipos con más seguidores de Argentina, juegan a las 20.30 del domingo 9 de diciembre un partido insólito. Nunca antes se han disputado el título de la Copa Libertadores, nunca un partido ha estado rodeado de elementos tan contradictorios. La celebración en Madrid del partido de vuelta de la final —el de ida terminó en empate— ha enojado a seguidores de ambos equipos por cuanto supone una nueva constatación de que las aficiones apenas son un factor a la hora de programar ese espectáculo llamado fútbol. También ha creado un debate sobre seguridad y violencia que, en no pocos casos, ha estado teñido de prejuicios hacia las sociedades latinoamericanas.

Ángel Cappa (Bahía Blanca, Argentina, 1946) ha entrenado equipos en cinco países distintos. Entre los clubes a los que está ligado destacan los nombres de Olimpo, club en el que desarrolló su carrera como jugador, el Real Madrid, donde obtuvo un título de liga junto a Jorge Valdano, y River Plate, el club que llega hoy al Bernabéu como local y que ha defendido hasta última hora su intención de jugar la final en su campo, el Monumental de Buenos Aires. Como casi todos los analistas, Cappa subraya la igualdad de los dos contendientes, aunque denuncia la desigualdad deportiva que genera que el partido no se juegue en la cancha de River Plate.

Si la identificación de política y deporte está siempre bajo sospecha, el contexto de este River-Boca y la trágica situación económica de Argentina convierten este encuentro en una especie de punto de llegada de una crisis estirada durante largo tiempo. Una crisis política que ha tenido reflejo en otra crisis futbolística salpicada de los mismos ingredientes, corrupción, explotación, falta de un modelo. El hecho de que el partido se haya deslocalizado a Madrid abunda en la percepción de que el fútbol que se proyecta para el futuro se sitúa al margen de las raíces que lo convirtieron en el principal entretenimiento popular de Argentina.

¿Qué significado tiene el partido que se juega el domingo en Madrid?
Lo primero que se me ocurre es que es un atropello a la gente. Como siempre. Una falta de respeto absoluta al fútbol argentino, al fútbol sudamericano y a la gente. En segundo lugar, sospecho que detrás de todo esto hay un negocio, por los personajes que están ahí alrededor, porque no hay ningún fundamento para hacer lo que hicieron.

Es decir, el incidente que provocó la suspensión del partido ocurrió en el trayecto al campo de juego, de modo que el responsable es el ayuntamiento de la ciudad de Buenos Aires. Hasta el punto que el responsable de seguridad del Ayuntamiento renunció, porque dijo que era un fallo de la seguridad. ¿Qué tiene que ver River? Absolutamente nada. ¿Cuál es la responsabilidad de River en esto? Ninguna. En el estadio había 70.000 personas que estuvieron siete horas esperando y les decían “dentro de una hora, dentro de dos, bueno vengan mañana” Y fueron al otro día. Y no hubo ningún incidente. ¿Cuál es la razón de sacar el partido y llevarlo a otro país? No hay ningún fundamento, ninguna razón para hacerlo. Sospecho que es un negocio enorme para muchas empresas. Entradas caras, se va a llenar el estadio, las compañías de aviación han triplicado el precio del pasaje de Buenos Aires a Madrid, hoteles, etc. Es un enorme impulso económico.

Porque, que tiren piedras a los autobuses pasa en casi todos los países casi siempre. Yo he trabajado en muchos países, acá mismo he sufrido que me hayan tirado piedras a un autobús y que una vez rompieran un cristal, en una cancha, no te voy a decir dónde para no hacer una polémica absurda. El otro día se vio por Youtube, con el Manchester City entrando en el campo del Liverpool, que le tiraron de todo, pero de todo. Hubo una ventaja, que los cristales eran irrompibles. Si aquí viene el Barcelona, sale del hotel, le tiran piedras, qué se yo ¿qué tiene que ver el Real Madrid? El Madrid es responsable de lo que sucede en el estadio… Por eso esto es una arbitrariedad sospechosa.

Toda Sudamérica fabrica jugadores para los centros de poder. Entonces claro, el nivel futbolístico bajó, los equipos no se sostienen más de seis meses, porque enseguida se venden los jugadores

¿Crees que se ha hecho un discurso lindando lo xenófobo, que comparaba un fútbol civilizado europeo con un fútbol y, por extensión, unas sociedades salvajes en Latinoamérica?
Sí, lo han querido hacer y creo que lo han hecho a propósito. Mucha gente, gente que no tiene la posibilidad de informarse, me dice “qué país violento el tuyo”. Sí, claro, de parte de los dirigentes violentos de mi país, porque castigan sin parar a la gente. Incluso dentro de Argentina hubo periodistas que decían “qué país de mierda que tenemos”. Y no es cierto, además, hicieron una emboscada al autobús. Cuando estaba entrando, lo rodearon de gente y no había policía, no había nadie. Esto también es sospechoso ¿por qué no había nadie en ese momento? Todo es sospechoso y no hay ningún fundamento para hacer lo que hicieron.

Ha habido una campaña para que todo el mundo crea que como el fútbol argentino es súper violento no se puede hacer un partido de River y Boca. Jugaron en Boca y no pasó absolutamente nada.

El partido parece una especie de punto de llegada del declive del fútbol argentino que tiene largo recorrido: la liga ha perdido mucho peso, la selección lleva tiempo a la deriva, la federación (Asociación del Fútbol Argentino, AFA) ha tenido múltiples problemas. ¿Hasta qué punto ese deterioro marca el encuentro de hoy?
El fútbol argentino está organizado desde hace muchos años simplemente para vender jugadores. Es un campeonato que se hace para eso desde hace 30 años, más o menos. Antes un jugador aspiraba a jugar en los equipos grandes de Argentina, ahora aspira a irse. Y se van muy jóvenes, se van proyectos. Este chico, [Exequiel] Palacios, que juega en River, es un proyecto de jugador, no sabemos cómo va a terminar ese proyecto, aparentemente bien, porque tiene condiciones, pero es un proyecto. Lautaro Martínez es otro proyecto del fútbol argentino que está en Italia. Antes se iban los jugadores consagrados, después cada vez iban bajando el nivel de exigencia, y ahora se van los proyectos.

Es un campeonato que no tiene identidad propia, que fabrica jugadores para los centros de poder económico-futbolísticos. No solamente Argentina, toda Sudamérica. Uruguay, Brasil, Colombia, Perú… Toda Sudamérica fabrica jugadores para los centros de poder. Entonces claro, el nivel futbolístico bajó, los equipos no se sostienen más de seis meses, porque enseguida se venden los jugadores. Juegan los que están saliendo y los veteranos que vuelven de Europa. Está jugando Ponzio como figura en River y aquí jugaba de lateral derecho en el Zaragoza hace yo que sé cuántos años. Cuando el Zaragoza estaba en primera.

Y después, los dirigentes del fútbol argentino han contribuido con su ineptitud a este deterioro prácticamente absoluto. La AFA es el símbolo de lo que pasa en Argentina. Lo que está ocurriendo en Argentina: fueron a elegir presidente, eran impares los que elegían y resultó empatada la elección, porque se hicieron trampas entre ellos. Hicieron un contrato de cuatro años a Sampaoli, el presidente dijo “no importa cómo salga en el mundial, acá tenemos que hacer un proyecto…” Terminó el mundial y lo echaron, y además no querían ni pagarle todas las cláusulas que le hicieron. Todo el fútbol argentino es un despropósito detrás de otro.

Las medidas neoliberales están siendo un evidente saqueo. Argentina tiene hambre, cosa que no ocurría desde la época de la dictadura

Las barras bravas tienen complicidades con las autoridades, con dirigentes, con políticos, con sindicalistas burócratas, inclusive con parte de la policía, porque manejan un gran negocio. Hace mucho tiempo que se les fue de las manos. Empezaron a tener poder propio. Cuando había enfrentamientos entre ellas, ¿qué hicieron las autoridades? Decidir que no vayan los visitantes a los campos de juego, para que no haya pelea. Una medida ridícula. En vez de solucionar el problema van tapando agujeros. Es un fútbol completamente deteriorado.

¿En qué medida el actual presidente Macri ha tenido que ver en esta deriva de privatización del fútbol que está teniendo lugar?
Macri es un súbdito de Estados Unidos, uno de los más fieles, en la aplicación de medidas neoliberales y, entre otras, una es la privatización de las empresas. También están tratando de vaciar y de destruir Aerolíneas Argentinas, una vez más. En el fútbol hay un proyecto para privatizar los clubes. Lo hicieron con Racing [de Avellaneda] hace un tiempo y resultó muy mal, fue un desastre económico y de todo tipo. Y ahora insisten en la privatización de los clubes, por supuesto, y Macri está en ese proyecto. Por ahora parece que se resisten los clubes, vamos a ver cuánto dura.

Una semana después de los hechos que provocaron la suspensión de la vuelta River-Boca se produjo una gran manifestación contra la cumbre del G-20 y contra el Gobierno de Macri, ¿Cómo ves la situación en Argentina?
En Argentina hay una resistencia organizada, hay mucha concientización en los barrios, en sindicatos combativos, organizaciones sociales que están haciendo manifestaciones permanentes, hacen reclamos, resisten, y van a la calle. Por eso, cada vez, la represión en Argentina es mayor. Ya van tres o cuatro muertos, empezando por Santiago Maldonado, Rafael Nahuel, y siguiendo por dos chicos que han matado hace poco. Y ahora, [Patricia ‘Pato’] Bullrich, la ministra de Seguridad, acaba de presentar un proyecto de ley para permitir que la policía dispare si ve la insinuación de alguna violencia, que disparen sin ningún tipo de objeción. Lo que se llama en Argentina el gatillo fácil. Es una barbaridad.

Lo hacen porque la resistencia es muy abundante y es muy combativa, no solamente en Buenos Aires, también en Córdoba, Mendoza, Tucumán y en otras ciudades del país. Las medidas neoliberales están siendo un evidente saqueo. Argentina tiene hambre, cosa que no ocurría desde la época de la dictadura. Hay hambre por la calle, la pobreza ha aumentado —cuando se mide la pobreza de allí no se puede medir cómo se mide la pobreza en Europa—, la pobreza es no tener para comer hoy.

Con eso encima de la mesa, ellos ya prevén, porque ya saben que hay barrios, y hay organizaciones combativas, que la represión será mayor. Y por eso facultan a la policía para que dispare, para aterrorizar a la gente. La gente va a la manifestación y por ahí te pegan un tiro porque te vieron tirar una piedra o dicen que estabas tirando una piedra y se terminó.

No hay forma de que el fútbol engañe. Puede entretener porque, por más que sea una crisis, la gente también se enamora, la gente va al cine y la gente hace al amor, y la gente va a un partido de fútbol

Entre paréntesis, fíjate cómo es la derecha de aquí de España, en los diarios de derecha —El País, El Mundo, no digo los panfletos—, que no dice una sola palabra de lo que está sucediendo en Argentina. Ni una palabra. Todos los índices económicos de Argentina, todos, son un desastre, inclusive los índices macro, los que aparentemente son para beneficiar a la oligarquía. Porque la gestión de Macri es de una ineptitud casi cómica, si no fuera tan trágica. Y acá no dicen una sola palabra, mientras todos los días hay algo sobre Venezuela. Y hablan de derechos humanos. Es increíble. No es solo Argentina, ni una palabra de Brasil, de Honduras, de Marruecos… ni una palabra. Lo que es, es un negocio. En Argentina hay 18 empresas, o más, españolas que se están aprovechando de la situación, naturalmente. Entonces, ni una palabra de Macri.

¿Cómo acompaña el fútbol a ese proceso?
Había un hit que hicieron en Argentina contra Macri y lo cantaban en todas las canchas. Macri no tiene margen para el engaño, Macri trata de engañar todos los días, dice “este semestre ya terminó la tormenta”, pero a la gente cuando no come no hay manera de engañarla. Acá es más fácil porque la gente viste, come todos los días, acá puedes decir lo que quieras. Allí no, porque la mayoría de la gente está hambrienta. No hay manera de engañar a la gente en esa situación. Y la gente que va a la cancha es esa gente también.

Después, hay gente de clase media que también empieza a sufrir las consecuencias de esta gestión horrorosa. Cuando habla Macri está claro que repite eslóganes que no sabe ni lo que dicen. Por ejemplo, ese tópico que se dice “es que esto es como una familia, si uno gasta más de lo que recibe…” esa estupidez, esas estupideces, también están afectando a la clase media. Ya los únicos que lo sostienen son los capitales, el “capital de la timba”, que se dice, el capital financiero, que sí que gana dinero. Macri decía que con estas medidas [de austeridad] iba a venir un paquete de inversiones, no vino ninguna lluvia, ni siquiera una nube. Lo que sí vinieron fueron inversiones para la timba, para meter dinero en los bancos y salir rápidamente. Los bancos están en un 74% de interés, una cosa histórica. Hay mucha gente que pone dinero, diez millones, en los bancos y lo saca al mes y gana yo qué sé cuánto.

No hay forma de que el fútbol engañe. Puede entretener porque, por más que sea una crisis, la gente también se enamora, la gente va al cine y la gente hace al amor, y la gente va a un partido de fútbol. Pero no es que esté engañada. Con todo lo que pasó, este River-Boca ha generado una expectación muy grande pero, así y todo, hubo en el G-20 una manifestación —totalmente controlada, lejos absolutamente de donde estaban los gobernantes— en la que hubo muchísima gente, cosa que no te habrás enterado si lees El País y El Mundo.

Viniste a España en el año 76, y estabas aquí en el 78 cuando organizasteis un boicot al mundial pero luego pasa, como comentaste en una entrevista reciente en Jot Down, y nos pasa a todos los futboleros que, a pesar de las terribles circunstancias uno termina viendo el partido.
Yo no lo organicé pero participé. El boicot era para denunciar la dictadura militar. Pero es que han ocurrido cosas dramáticas. Estuve en una charla sobre el boicot que organizamos con expresos de la Esma (Escuela de Mecánica de la Armada) y me contaron que vieron el partido junto con los torturadores.

Cuarenta años después el programa económico de la dictadura y las fuerzas reaccionarias ha venido desarrollándose. Desde esa perspectiva, ¿cómo crees que hay que trabajar la memoria en las generaciones que no vivieron aquel 78?
En esa época las circunstancias eran totalmente diferentes: ahora es impensable la lucha armada. Creo que era un error absoluto. De alguna manera no estaba tan clara como ahora toda esa resistencia. La militancia hoy es otra, toda la concienciación que hay en los barrios no tiene representación política para las elecciones.

Me invitaron unos estudiantes a hablar en una asamblea en la Universidad junto con otro militante de aquella época y yo dije que no tenía nada que decirles a la juventud, que no estábamos para guiar ni aconsejar, que son ellos los que marcan este camino y nosotros solo acompañamos. Solo les dije una cosa: “La derecha puede tolerar muchas cosas pero si le quitan un dólar no tiene reparos, se hace brutal. Son capaces de cualquier cosa, van de demócratas mientras no tengan que repartir lo que roban”. Eso es lo único que les dije.

¿Cómo empezaste a tomar conciencia política?
Me empecé a concienciar por mi abuela. Una abuela de Navarra a la que preguntaba cómo era su vida. Poco a poco me di cuenta de que la explotaron, eso lo fui pensando después. Yo vivía en un barrio obrero y veía a la gente, lo que pasaba en el barrio. No había hambre, era la época del peronismo, aunque ya había pasado Perón. Las madres hacían muchas cosas, la comida; la ropa la heredabas de tu padre… No había hambre como ahora, aunque se veían las humillaciones que sufría la gente. A partir de ahí yo empecé a tomar conciencia.

Después, ya de grande, ya estaba dejando el fútbol, empecé a estudiar filosofía y psicopedagogía con el propósito de entender la realidad, de entender lo que pasaba a mi alrededor. Como iba a clase por la tarde, porque entrenaba, fui a un instituto privado, religioso. Tuve la suerte de dar con los curas del Tercer Mundo, que trabajaban ahí. Eso me ayudó muchísimo a tomar conciencia de la realidad y a entender la religión desde otro punto de vista.

También has sido, vamos a decir, ciudadano de a pie, con trabajos no relacionados con el mundo del fútbol, ¿cómo ha influido eso en tu toma de conciencia? ¿Ves diferencia con los futbolistas profesionales de hoy en día?
De los futbolistas actuales, no sé si habrá 6.000 en primera línea, y entre esos 6.000, los tipos de éxito, exagerando, son 200, los demás tienen para vivir holgadamente, pero solo eso.

Entre los futbolistas es igual que en el resto de la juventud. No todos están concienciados. Siempre es una minoría la que empuja y la que va a las huelgas, y en el fútbol también. Es muy difícil para un jugador de fútbol tener una postura de esta naturaleza mientras está jugando. Es muy difícil tener ideas, porque recibiría palos y críticas por todos los lados, como las que recibí yo, y las sigo recibiendo. Cada vez que sale una declaración mía en algún periódico, si lees los comentarios… La mayoría de los fascistas te dice cualquier cosa. Es difícil trabajar con eso encima, difícil para esos chicos. A mí me da igual, pero yo ya era grande.

Cuando llegas aquí encuentras un clima de llegada de la libertad…
Cantaba Jarcha.

Un ambiente diferente al que se respiraba en Argentina.
Sí, era un clima muy bonito, como que ahora podemos hacer el cambio. Se acabó la tortura de 40 años. Fui a algunas fiestas del PCE. Se vivía un clima festivo con Felipe [González] y [Alfonso] Guerra cantando la Internacional. Todos lo creímos, yo también lo creí, pero luego nos dimos cuenta de que era una parodia para que los que mandan siguieran mandando.

En los 80 recuperas el fútbol de manera profesional. Llegas al Santiago Bernabéu en un momento en que los ultras eran un poder fáctico dentro del Real Madrid.
Los Ultras Sur guardaban las cosas en el Benabéu, nos llamaban sudacas y todo eso. Cuando íbamos ganando 3-0 cantaban el “Cara al Sol”.

Fíjate que ahora se les ocurre llevar un partido a Estados Unidos. Se va convirtiendo en un negocio y se pierde el respeto al hincha. Yo, lo que echo de menos es que alguna vez los jugadores hablen, que la gente hable

¿Cómo vivías tú, que has sido militante contra el fascismo en Argentina, que en el minuto 60 de partido parte del estadio cantara un himno fascista?
Entre los Ultras había un grupo que era de fútbol, y otro grupo que eran fascistas directamente. No eran todos fascistas. Yo trabajo en el fútbol, hago la cuenta de que soy médico, y estoy trabajando y hago lo mejor que puedo mi trabajo. Cuando a mí me cuestionan que estuviera en un club que es de gente de derechas, yo digo “decíme un club en que haya gente de izquierdas”, creo que hay uno en Alemania… Tú vas y haces tu trabajo. Como el jugador de fútbol que va y juega, y si es muy bueno lo llama el Barcelona, la Juventus, y ¿qué va a hacer?

Siguiendo la linea cronológica, parece que el mayor éxito de tu carrera es entrenar al Real Madrid junto con Jorge Valdano… Es una época en la que en el fútbol empieza a entrar mucho dinero de las televisiones, se genera la cultura del fútbol que ha acompañado a la liga española, tanto a través del Real Madrid como del Barcelona de Johan Cruyf, pero crece esta idea de fútbol espectáculo o negocio, con el episodio de la privatización de la mayoría de clubes.
Que se hizo con Felipe González. Todavía eso no estaba en su apogeo, los paquetes turísticos no estaban todavía. Sí, cada vez se va alejando más el fútbol de la gente y cada vez es más negocio, ya prácticamente es eso. Fíjate que ahora se les ocurre llevar un partido a Estados Unidos. Se va convirtiendo en un negocio y se pierde el respeto al hincha. Yo, lo que echo de menos es que alguna vez los jugadores hablen, que la gente hable. En Inglaterra, en el Liverpool, quisieron aumentar la entrada y la gente se fue del estadio y no pudieron subir los precios. La gente tiene que tomar conciencia de que los estadios son de ellos, los clubes son de ellos. Por más que venga un millonario chino a ser dueño del Valencia, el club le pertenece a un señor de Valencia que tiene 65 años y que ha sufrido y ha llorado, es de él.

En esa época todavía había sentido de pertenencia. Estaban jugando Míchel, Martín Vázquez, Butragueño, Sanchís, gente del club. Veías a Ricardo Gallego, a Camacho, jugando desde las inferiores, Raúl… Entonces había cierta identidad. Actualmente el Madrid tiene todos los jugadores de fuera, así, ¿cuál es tu sentido de pertenencia? A mí me comentaba Gallego que él terminaba el partido y se iba con su familia a tomar algo enfrente del estadio, en medio de toda la gente. Ahora es impensable. Han convertido a un jugador de fútbol en una estrella de cine. Yo viví eso en Bilbao, hice el curso de entrenadores, entre otros con Iribar, al cual yo admiré siempre y después de estar con él, más todavía. Voy a Bilbao y encuentro a Iribar en la puerta y la gente lo saludaba como un vecino más, no como un ídolo, no lo endiosaban, ahora lo endiosan pero para vender producto.

A veces me ha sonado mal ver a sindicalistas también en esos palcos fumando puros. Eso me mata. Ver a los otros es normal porque son los dueños del circo

Otra anécdota, al poco de estar en España me junté con unos amigos para vender camisetas de la Real Sociedad campeona. En el estadio de Atocha nos compraron tres camisetas, no vendimos ni una más. Salió Arconada, vestido de jugador, a darle unas entradas a unos amigos. En ese momento era un ídolo, entonces un compañero le contó que eramos unos amigos argentinos que estábamos vendiendo camisetas para entrar a la cancha. Arconada preguntó, “¿cuántos son?” y nos dio cuatro entradas, eso es impensable ahora.

¿Reconoces algo de ese Madrid en el que viviste en el modelo que quiere Florentino Pérez para el club?
Florentino va con los tiempos. Está también el Milán, el Manchester… Todo el fútbol se está yendo hacia un negocio gigantesco, también el Real Madrid. Quedan muy pocos equipos fuera de eso. Hace poco estuve en San Sebastián y estuve con Gorriz en la presentación del libro que escribí con mi hija y me dijo que ellos mantienen el sentido de pertenencia. En algunos clubes se mantiene, en el Athletic de Bilbao se mantiene, y seguro que en algunos clubes que yo no conozco. Hacer fútbol majestuoso con entradas carísimas, hacer fútbol muy caro solo para las élites… el Madrid forma parte de esa historia, nueva y lamentable historia.

Hablas de un fútbol de élites y, estando a pocos kilómetros del Bernabéu es imposible dejar de pensar en su palco. ¿Hasta qué punto ese fútbol de élite se genera porque las élites van allí a hacer de todo menos fútbol?
No solo pasa en el palco del Bernabéu, a pequeña escala pasa en todos los campos, obviamente, en el Camp Nou también. Palcos donde va lo más granado de la derecha. A veces me ha sonado mal ver a sindicalistas también en esos palcos fumando puros. Eso me mata. Ver a los otros es normal porque son los dueños del circo, que no entienden un carajo de fútbol, que no tienen ni idea de lo que están viendo y cuando hablas con ellos dicen unas estupideces respecto al juego que te dan ganas de reírte. No saben nada, pero van allí a exhibirse, a hacer negocio. Pero te quiero decir que el fútbol sigue perteneciendo a la clase obrera. De ahí salen los grandes jugadores, de ahí salen los conceptos futbolísticos y de ahí sale el fútbol. Luego esos tipos lo convierten en otra cosa, le ponen papel celofán y un lazo y lo venden como un gran producto y lo compran las élites. En los grandes palcos están los que no entienden un carajo de fútbol y que, además de no entender, no les importa. Las entradas son cada vez más caras, pero eso lo han cambiado en Alemania, donde tienen entradas baratas y llenan los estadios, porque el fútbol nace en y pertenece a la gente más humilde y yo deseo que no se lo quiten.

¿Cuando empiece este partido, River-Boca, volverá a comenzar ese juego que no tiene que ver con el poder, con lo que hoy por hoy rodea al fútbol?
Efectivamente. Es un juego apasionante que es mucho más que un juego, tiene que ver con nuestra vida. El fútbol tiene que ver con eso, con la vida. El fútbol para élites es el que desprecia el juego y solo atiende al resultado, no le importa una mierda el juego, le importa el resultado, venden los ganadores. Somos una sociedad de ganadores y perdedores. Los ganadores son los que venden, son los ejemplos, y los perdedores son los que no sirven. Eso no es cierto, el juego tiene un valor en sí mismo. Si el fútbol tiene que ver con la vida nuestra, es desde el juego. Xavi Hernández dijo una frase genial, “a mí me duele más fallar un pase que fallar un gol”. Vestido de jugador le das más importancia al juego que al resultado. Pero cada vez lo están alejando más, porque si eres subcampeón eres un idiota para ellos.

Fuente: https://www.elsaltodiario.com

Te gusto, quieres compartir