La idolatría a las instituciones

Por Carlos Orlando Oliva

Este es un intento o pretensión de re-conquistar el diccionario, para lo cual debemos intentar respetuosa y colectivamente construir un común mínimo de términos o categorías compatibles con las luchas político sociales. Esta pretensión no sera posible sin el debate y contradicción crítica, que es en las contradicciones donde construiremos nuestras verdades.

Pido disculpas anticipadas pues mucho de mi decir es parentético (entre contextos de paréntesis, algunos mas amplios que otros). El orden no será alfabético, al menos ahora.

Cuando decimos idolatría, suponemos una veneración de un ídolo falso, (propiamente diríamos un proceso de fetichización, ). El fetiche usurpa el papel lo sagrado. En él la obra pasa a ser superior al creador, la inversión de orden de la obra por el creador, tambien diríamos alienación, así como tambien se oculta su naturaleza propia, como la apariencia pasa a ser lo principal, las partes pasan a ser superiores al todo.


Cuando decimos institución, la podemos ver como reglas, leyes, como una respuesta en el tiempo y espacio, que una sociedad o Estado establece, así unas instituciones por ejemplo pueden ser el matrimonio, la familia, que a su vez puede quedar como institución solo en el campo social o ser reconocida por el Estado y ser una normativa general que aplicará en el espacio y ejercicio de su soberanía delegada, promoviendo cierta estabilidad y obligatoriedad de prestar su servicios; contrario a las organizaciones que de forma simple, las podemos definir en el campo político, económico y social como “personas” naturales. Otras instituciones presentes y bastante antiguas son los ejércitos y las iglesias (de las cuales haremos acotaciones en otra oportunidad).

Coincidimos supongo, con casi la totalidad de quienes me dan su tiempo en leerme, que avalamos que en teoría, el Pueblo es el único soberano y que es la sede del poder, temporalmente delega al Estado en general y a los gobiernos, en particular (aunque supongamos que el Estado somos tambien el Pueblo y su soberanía, en el uso cotidiano y práctico, el Estado es el administrador institucional de lo público).

El Estado tambien nos complica, cuando puede ser contrario a los objetivos o intereses de Pueblo, así tenemos que el Estado en el mundo occidental capitalista, es una forma del capital, una concreción de los intereses de la clase dominante; pero tambien cuando sirve al Pueblo puede ser un aliado, una solución.

Así diremos que para el Conservador el Estado y leyes o como dijimos, sus instituciones; son ideales, sagradas, dentro del mejor de los mundos posibles (siempre y cuando les vaya bien en con ellas), y el Liberal económico, tambien valorará las instituciones que le sean funcionales, aunque por supuesto no quiere que el Estado participe en la economía, pero si lo hace, que sea a su favor, que si va a dar servicios y bienes, sean los que provean ellos: sobre todo que dentro del diseño que tanto liberales y conservadores le han construido a este tipo de Estado. Y por el otro extremo, para el Anarquista, toda institución es opresiva en cuando plantea un ejercicio de poder dominante, que impide el ejercicio de la libertad del ser humano, como la entienden.

La idolatría de las instituciones pasa tambien por una institución previa al capitalismo, como lo es el mercado, el cual en la modernidad capitalista lo convierte en un dios, una totalidad totalitaria, un tipo de totalitarismo, el dios Moloch, una idolatría a la que se le rinde tributo y sacrificios permanentemente y donde su mano invisible de dios, regula toda transacción, con su marca de la bestia, un anticristo que en el capitalismo le roba sangre y por ende vida a los trabajadores, y en si roba, a todo el sistema de vida en el planeta. Como diría parafraseando a Karl Heinrich “Dios siendo de naturaleza divina, se enajena y se hace humano, en cambio el capital, siendo de naturaleza escava ustedes lo han hecho dios… y yo soy ateo de ese dios”. Otras formas de idolatría o fetichismo en el capitalismo son la de la mercancía y el dinero (pero de eso lo expondremos en otro momento).

De igual manera instituciones como el esclavismo que fue en su tiempo, una respuesta de las sociedades, que la vieron como natural, justa, que había que justificar por medio de la ley, la religión, y que en la mayor parte de las Sociedades- Estados donde se practicó, se abolió (mas por antieconómica que por anti ética).

Por lo tanto, para nosotros la institución no es per sé negativa, puede ser útil o dejarlo de serlo, por lo que se deben evaluar permanentemente; como construcción histórica humana, las instituciones pueden ser superadas, deconstruidas o simplemente abolirse por ineficientes, obsoletas, o porque no cumplen el objetivo de ampliar las libertades, de garantizar las mayor posibilidad de vida de toda la comunidad y del sistema vida.

En resumen, las instituciones no son sagradas, son mediaciones que algunas deben fortalecerse, reformarse, transformarse; otras, por los mecanismos democráticamente participativos deben abolirse.

docente.carlos.oliva@gmail.com

Te gusto, quieres compartir