Un calentamiento de 3,5 grados está bien: Los extraños cálculos del “Premio Nobel de Economía” 2018

Antonin Pottier

¿Es William Nordhaus, que ha trabajado sobre los vínculos entre crecimiento y clima, un economista ecológico ? La verdad es que no. Lo explica el economista Antonin Pottier en declaraciones realizadas al periodista Eric Aeschimann, del semanario parisino L´Obs.

Profesor titular en la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales (EHESS), Antonin Pottier ha publicado Comment les économistes réchauffent la planète [Cómo calientan los economistas el planeta] en 2016 en la editorial Seuil (colección Anthropocène). Reacciona a la concesión a William Nordhaus del premio de Ciencias Económicas, en su edición número cincuenta, en memoria de Alfred Nobel, o Nobel de Economía, el pasado lunes, 8 [de octubre].


William Nordhaus es uno de los laureados con el premio «Nobel de Economía 2018». ¿Quién es y por qué se le galardona?

Nordhaus es un economista norteamericano que empezó a enseñar en la Universidad de Yale en 1967. No es un ultraliberal, como Milton Friedman, se inscribe en la filiación de la “síntesis neoclásica”, para la cual, si bien la intervención del Estado puede ser útil a corto plazo, las fuerzas del mercado determinan el largo plazo.

Se interesó muy rápidamente por las críticas de las que había sido objeto entonces el crecimiento. Así es que publicó un artículo con James Tobin en el que se preguntaba si el crecimiento estaba “obsoleto”. Luego, desde mediados de los años 70, fue uno de los primeros en ocuparse del cambio climático. Sus trabajos iniciales consisten, ayudándose de la climatología de la época, en comprender de qué modo las emisiones de CO2 se transforman en calentamiento y cuáles son los sistemas energéticos que están en su origen. Su finalidad consiste entonces en calcular a qué precio se pueden limitar las emisiones de CO2, sobre todo prescindiendo de energías no fósiles.

¿Se puede decir que es uno de los primeros economistas “ecologistas” ?

Tiene desde luego el mérito de haberse interesado por la cuestión, pero la evolución de sus trabajos me parece más discutible. Después de esta etapa consagrada a los costes de la reducción de las emisiones de CO2, aborda el cálculo del impacto de los daños climáticos en términos económicos. Por ejemplo, si hace más calor, la gente es menos productiva, habrá más sequía, se comprarán más climatizadores en verano, pero se calentarán menos las casas en invierno.

A todos estos efectos les pone números, les otorga un valor monetario. Y los compara con la inversión necesaria para reducir las emisiones. Elabora dos columnas: los costes de contaminar menos y las pérdidas de riqueza que se evitan disminuyendo la contaminación. Este análisis “coste/beneficio” está en el corazón del análisis del enfoque de Nordhaus.

Y aquí es donde aparece, en su opinión, el punto de inflexión…

Sus primeros trabajos daban por supuesto que son los políticos y los científicos los que definen el “objetivo-meta” de reducción de emisiones de CO2, limitándose el papel de los economistas a medir con qué coste resulta alcanzable ese objetivo. Ahora bien, a partir de ahí se trata de buscar un punto de equilibrio entre coste y beneficio, y deducir de ello el objeto deseable.

La preservación del clima ya no se fija a partir de lo que es deseable para la salvaguardia del planeta sino en función de las posibilidades de la máquina económica. O, por decirlo de otro modo: se confía a la economía la tarea de decir a qué calentamiento hay que aspirar, en lugar de exigirle que se adapte.

Concretamente, ¿a qué género de resultados conduce esta inversión?

Nordhaus ha preconizado siempre reducciones graduales y moderadas de las emisiones de CO2. En 1998, consideraba que el protocolo de Kyoto era demasiado ambicioso. En un documento de 2016 establece cuatro escenarios, uno de los cuales se califica de “óptimo”. ¿Qué dice este escenario? Que reduciendo progresivamente las emisiones de CO2 de 40 gigatoneladas por año en 2050 a 15 gigatoneladas en 2100 se consigue “una política climática que maximiza el bienestar económico”. Ahora bien, en el cuadro siguiente, descubrimos que ese escenario óptimo entraña un aumento de…¡3,5 grados! Lo más sorprendente es que este escenario se retoma en el comunicado de la Real Academia de Ciencias de Suecia, pero sin que se mencionen los 3,5 grados.

Estamos bastante por encima de los 1,5 o 2 grados recomendados por el Acuerdo de París. ¿Cómo llega Nordhaus a una cifra así?

Una de las explicaciones es su forma de valorar los daños causados por el calentamiento. Para él, un aumento de 2 grados de la temperatura media del globo de aquí a 2100 no entrañará más que la pérdida de menos de un punto del PIB. Si el termómetro sube 6 grados, la caída del PIB estará por debajo de 10 puntos. Sabiendo que en sus proyecciones el PIB continuaría de todas formas creciendo un 2% por año durante todo el siglo, el impacto del calentamiento resulta, por tanto, muy débil.

Pero esta cifra parece difícil de conciliar con la amplitud de las alteraciones que sufrirán el planeta y las sociedades humanas en caso de un calentamiento pronunciado. Por lo demás, estas estimaciones han sido ampliamente debatidas y plantean numerosas cuestiones. ¿Cómo tener en cuenta la pérdida de ecosistemas ? ¿Son comparables a las pérdidas económicas ?

Un método de valoración utilizado por Nordhaus y otros economistas consiste en descomponer la economía en sectores y examinar cuáles son a priori vulnerables al cambio climático. Por construcción, los daños no previsibles se excluyen de los cálculos. Otro problema es la agregación de pérdidas de PIB de países diferentes en una sola cifra: un dólar de PIB perdido en Burkina Faso no tiene el mismo efecto sobre la vida de los humanos que un dólar de PIB perdido en los Estados Unidos. ¿Cómo sumarlos? Nordhaus escoge a menudo opciones de método que plantean la valoración de los daños a la baja.

La Real Academia de Ciencias de Suecia justifica su elección subrayando que Nordhaus ha contribuido a “integrar la naturaleza en la economía”. Pero, según usted, integra la naturaleza como una simple variable sobre la cual tiene la iniciativa la economía.

Los cálculos de Nordhaus colocan a la ciencia económica en posición de árbitro: le confía la misión de integrar los parámetros procedentes de otras ciencias (la climatología, la biología, etc.), convirtiéndolo todo en unidades monetarias, es decir, en dólares. ¿Cuánto cuesta un grado suplementario? ¿Y la desaparición de tal o cual especie ? Al hacer eso, la economía se arroga un papel sobresaliente. Ahora bien, la monetaria no es más que una de las dimensiones de los problemas que actualmente afrontamos. Hoy en día, la ciencia económica debería volverse hacia análisis multi-criterio, como es el caso, por otra parte, de los informes del GIEC [Grupo Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático].

Antonin Pottier: ingeniero de minas, profesor titular en la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales (EHESS) de París, se doctoró con una tesis sobre las dificultades de la economía para integrar la cuestión climática. Sus investigaciones se centran en los aspectos socioeconómicos del cambio climático, la integración del medio ambiente en la disciplina económica y, más en general, las interacciones entre economía, sociedad y medio ambiente.

Fuente: L´Obs, 11 de octubre de 2018
Traducción: Lucas Antón
wwww.sinpermiso.info

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