Marxismo y Ciudad. Una cuestión esencial no suficientemente destacada

Carles Carreras Verdaguer Alejandro Morcuende González

Introducción

Este artículo se enmarca dentro de la constatación de que los Estudios Urbanos se encuentran en crisis en casi todas las escalas, tanto por la fragmentación que ha originado la denominada New Urban Age -actual corriente hegemónica en cuanto al discurso sobre las ciudades tanto intelectual como políticamente-, como por la notable merma de publicaciones e investigaciones en la tradición barcelonesa de estudios sobre la ciudad y sobre las ciudades. Una causa no menor de esta crisis proviene sin duda de la fragmentación de las disciplinas de las Ciencias Sociales y de los recortes que han afectado la enseñanza y la investigación, especialmente en nuestro país.

En busca de una reconstitución pluridisciplinar de los Estudios Urbanos, los autores han promovido un máster propio de la Universidad de Barcelona sobre el tema, en una primera edición del cual se consiguió hacer intervenir una treintena de especialistas diversos. El objetivo básico, ha sido pues, conseguido: poner en contacto y diálogo a las diferentes disciplinas que algo tienen que decir y dicen para una mejor comprensión de lo urbano.

Ha sido necesario también en este camino la confección de un esquema interpretativo de la evolución de los Estudios Urbanos, centrado en sus autores y escuelas y en sus obras. Del esquema se desprenden numerosas posiciones de autores y escuelas entre los que destaca el papel central que ocupa la obra de Karl Marx (1818-1883) y de Friedrich Engels (1820-1895) que, a pesar de una cierta desconsideración general, han tenido un papel fundamental que aquí se quiere presentar brevemente.

La obra de Marx y Engels tiene unos precedentes claros, que fueron analizados por los autores en una publicación anterior (Carreras y Morcuende, 2016) y la evolución posterior se analizó en un coloquio internacional, centrada en la reivindicación pionera que hiciera Henri Lefébvre (1901-1991) en 1972 en La pensée marxiste et la ville; así como en la tesis doctoral de uno de los autores sobre las relaciones entre la sociedad y el espacio urbano en un sector de la ciudad de Barcelona (Morcuende, 2018).

La ciudad en Marx y Engels

Evaluar la importancia que Marx y Engels otorgaron a la ciudad supone revisar algunas de las obras más importantes publicadas a lo largo de su evolución intelectual. El fenómeno urbano es, pues, un motivo de fondo, recurrente, en los grandes temas que conforman lo que se denomina marxismo y de los que no puede ser desvinculado: desde el materialismo histórico a las relaciones de producción, pasando por la división social del trabajo.

A lo largo de la década de 1840, Engels fue observando y analizando con espíritu crítico el nacimiento de una nueva sociedad fruto del proceso de industrialización que a su vez hacía emerger una nueva realidad urbana. Esta nueva sociedad encontró en la Inglaterra de los siglos XVIII y XIX las condiciones para su desarrollo, y pronto se convirtió en un auténtico modelo para los estudios del resto del mundo. Se trataba de una revolución económica que en el continente, en Francia y en Alemania, acompañaban las revoluciones políticas.

En 1845 aparecía en Leipzig La situación de la clase obrera en Inglaterra que supuso la primera descripción del capitalismo en un gran país, al tiempo que presenta un análisis empírico de las consecuencias de la primera industrialización. El texto de Engels es, por tanto, una pieza clave en la reconstrucción histórica y social de la urbanización en la Europa Occidental. Las innovaciones tecnológicas y científicas llevadas a cabo durante los siglos XVIII y XIX comportaron un gran aumento de la producción y de la productividad y dieron como resultado el sistema de fábricas, el espacio propio del proletariado y, por ende, del movimiento obrero. A la instalación de la fábrica siguió la creación de pequeñas ciudades, y el crecimiento de las pequeñas y de las medianas de las que surgieron las grandes ciudades, a las que Engels dedica todo un capítulo de la obra comentada.

Este crecimiento se basaba en una doble tendencia que concentraba población y capital. La realidad urbana naciente era para Engels un necesario desorden impuesto por el orden de clase burgués a partir de las nuevas relaciones de producción. Un orden y un desorden que explican el espacio urbano, que a su vez es la esencia misma de la sociedad que surge en estos momentos (Lefebvre, 1972). Este desorden volvió a formar parte de las preocupaciones y de los análisis de Engels que en 1873 publicaba un conjunto de artículos del año anterior bajo el título Contribución al problema de la vivienda, donde el autor polemizaba con las tesis de Pierre-Joseph Proudhon (1809-1865) en torno al significado real de la propiedad privada de la vivienda.

La atracción, más bien forzosa, hacia la ciudad de la población y del capital generan las consecuencias de las que se ocupa Engels en su primera obra. La concentración de proletariado y burguesía implicó la segregación espacial de unos y otros, dominados y dominantes. Engels mostraba en su texto la posibilidad de que en el Manchester de 1840 se pudiera recorrer toda la ciudad evitando totalmente los barrios pobres; la ciudad estaba organizada de esta forma, ya noventa años antes de la consagración del zoning funcionalista por parte de los arquitectos y técnicos del racionalismo. A esta segregación corresponde el aislamiento propio de los que tienen que vender su fuerza de trabajo y que hundidos en la miseria -individual ocasional, permanente para la clase- ganan el salario día a día (el jornal), junto a los trabajadores parados y a las mujeres y niños que componen el imprescindible ejército de reserva.

La ciudad es por tanto no sólo el escenario, sino sobre todo el motor de la lucha por la vida, por todo, una guerra social abierta de todos contra todos, una vez liberados los siervos del viejo feudalismo (Engels, 1845). Aunque de la descripción realizada se ha desprendido muchas veces una cierta posición antiurbana, que hiciera hegemónica el marxismo ortodoxo de la primera mitad del siglo XX, Engels otorga a la ciudad, sin lugar a dudas, todo el potencial transformador. Las grandes ciudades son el espacio de lucha en el que el proletariado puede tomar conciencia de sí mismo, donde, por tanto, se engendra y crece el movimiento obrero, y donde finalmente el desorden puede desbordar el orden de clase que las ha originado.

En la formulación del materialismo histórico que es sobre todo lo que contiene La ideología Alemana, también publicada en 1845, es al mismo tiempo donde se encuentra una de las más relevantes aportaciones de Marx y Engels a los Estudios Urbanos. No es necesario adentrarse muchas páginas en la obra cuando la ciudad hace su aparición en la constante lucha de intereses que es su contradicción con el campo ¿Por qué hablar de una contradicción? La división entre el campo y la ciudad no es sólo técnica, sino que es la expresión de unos intereses divergentes que se manifiestan al ser organizados en base a unas clases sociales portadoras de estos intereses con sus respectivas instituciones. Para Marx y Engels, el devenir histórico de las sociedades humanas nace, pues, del conflicto dialéctico entre el campo y la ciudad, que en esta obra explican con detalle cómo se produce y que, de acuerdo con cómo se resuelva, puede dar como resultado un nuevo modo de producción.

Por su parte, El Manifiesto Comunista, que coincidió con la ola revolucionaria de 1848, ofrece de manera sintética la explicación desarrollada en La Ideología Alemana. La aportación al debate del Manifiesto aparece en su segundo capítulo “Proletarios y Comunistas” en el que sus autores proponen un programa político de diez puntos entre los que se encuentra el noveno “Combinación de la agricultura y la industria; medidas dirigidas a hacer desaparecer gradualmente la oposición entre ciudad y campo” (Marx, Engels, 1848) ¿No es suficientemente significativo que esta iniciativa forme parte del programa político de diez puntos de El Manifiesto Comunista?

Como motivo de fondo, pues, las cuestiones urbanas siempre estuvieron presentes en la obra de Marx y Engels, incluso en la más importante. Así, en El Capital de Marx se pueden destacar unos capítulos donde se trata el papel de la ciudad en relación a los siguientes temas: la división del trabajo en la manufactura y en la sociedad (Capítulo XII.4); la gran industria y la agricultura (Capítulo XII.10); la ley general de la acumulación capitalista (Capítulo XXIII); y la llamada acumulación originaria (Capítulo XXIV). La idea repetida y argumentada en numerosas ocasiones a lo largo, no sólo de El Capital sino en toda su obra, es que la base de toda división del trabajo desarrollada, mediada por el intercambio de mercancías, es la separación entre la ciudad y el campo. Puede afirmarse que toda la historia económica de la sociedad se resume en el movimiento de esta antítesis. No obstante no nos entretendremos aquí a considerarla (Marx, 1867) ¿No explica esto el interés estratégico de Marx y Engels por la ciudad, al tiempo que explica, en parte, la consideración de su olvido?

La ciudad y los marxismos

El impacto de las guerras franco-prusianas y de la Gran Guerra Europea fomentó el debate político y estratégico en detrimento del más teórico y conceptual. La victoria de los soviets en Rusia convocó pronto la aplicación de soluciones a la clásica dominación del campo sobre la ciudad, en un debate más técnico que filosófico sobre la desurbanización de la nueva sociedad revolucionaria que el realismo socialista estalinista truncó rápidamente. Hubo que esperar así a los años de la reconstrucción europea tras la Segunda Guerra Mundial para que el análisis y la reflexión sobre el papel de la ciudad fuera recuperado dentro del marxismo occidental (Anderson, 1976) .Esta recuperación culminó en la Francia del 68, especialmente en el obra de los sociólogos Manuel Castells (1942) y, sobre todo, Henry Lefébvre. Este último pasó de la formulación del derecho a la ciudad a la revolución urbana y a la producción del espacio, pasando por un original intento de sistematización del concepto de ciudad en la obra de Marx y Engels a la que se ha hecho ya referencia.

La originalidad y profundidad de la obra de Lefébvre retrasó su difusión, especialmente fuera del ámbito de la francofonía, pero ha acabado inspirando algunas de las grandes interpretaciones del fenómeno urbano contemporáneo. La Escuela Francesa de Sociología fue sobre todo un debate en sí misma que explica, en gran parte, el impulso al debate sobre el fenómeno urbano que aportó. De entre las aportaciones posteriores se puede destacar, en primer lugar, las reflexiones del geógrafo brasileño Milton Santos (1926-2001), que no se consideraba propiamente marxista, pero que entró en contacto con la escuela francesa durante su exilio. Avanzó en el concepto de la urbanización del Mundo a través de su interpretación de la globalización como creadora del nuevo medio técnico, científico e informacional (Santos 1996). A partir de la unicidad de la técnica en el Mundo contemporáneo y de la significación del conocimiento que contiene cada lugar, Santos realiza una interpretación de la globalización capitalista, que consideraba perversa. En consecuencia, elaboró ??una primera alternativa que anunciaba el nuevo periodo que denominó popular de la historia (Santos, 2000).

Por último, el teórico urbano norteamericano Neil Brenner (1962) ha profundizado en las aportaciones de Lefébvre, especialmente la tesis contenida en La révolution urbaine, y ha elaborado un marco para entender la urbanización planetaria como una alternativa a la llamada Nueva Era Urbana de estudios sobre ciudades, parciales y fragmentarios, que tratan de reforzar el sistema económico dominante a través de políticas de desarrollo local. Brenner destaca que los conceptos de urbano y de urbanización no deben ser considerados como objetos empíricos, sino como categorías teóricas. La categoría del hecho urbano es un proceso, no una forma universal, ni un tipo de asentamiento o una unidad cerrada, como han hecho los historiadores del urbanismo tradicionales. El proceso de urbanización así estaría formado por tres momentos diferentes como son la concentración urbana, la urbanización difusa y extensa en el territorio y unas formas diferenciales de urbanización, lo que supone que dicho proceso sea multidimensional, además de haber alcanzado la escala planetaria.

La urbanización, por tanto, según Brenner, se ha producido a través de una gran variedad de patrones y de vías de desarrollo desigual propias del sistema capitalista. En este sentido, Brenner contempla el fenómeno urbano como un proyecto colectivo dentro del cual los diversos recursos y potenciales que se generan son apropiados y contestados por los diversos agentes urbanos (Brenner, 2016) ¿La revolución urbana es, pues, la síntesis de la contradicción campo ciudad y el anuncio de un nuevo modo de producción?

Conclusiones: La recuperación marxista de los Estudios Urbanos

¿Qué se puede extraer de todo esto? ¿Hacia dónde deben dirigirse los Estudios Urbanos? Una primera conclusión es que, más allá de los análisis exegéticos que se puedan hacer, Marx y Engels hablaron de la ciudad de forma significativa. Así de su formulación de la contradicción campo ciudad y de su papel como motor de la historia característica de los inicios de la industrialización y del desarrollo capitalista, se ha ido proyectando el concepto hacia la urbanización planetaria, que es fundamentalmente el momento en el que nos encontramos.

Del análisis de los modos de producción, a través de unos esquemas extraídos y desarrollados a partir de las propuestas que Marx y Engels formularon y en las que hay que mantener la contradicción campo-ciudad como variable indispensable, resulta la necesidad de desarrollar los otros elementos clave que tienen el potencial de cambio de sistema. Por un lado, el paso del triunfo de la propiedad privada y la crisis de la pública a la hegemonía de los comunes, y, por otro, de la estructura bipolar de clases sociales en el período popular de la historia, en la que los nuevos movimientos sociales toman un papel central.

El análisis de las transiciones político-económicas del pasado permite pensar el diseño del futuro escenario que ha de sustituir, o está sustituyendo según algunas hipótesis, al sistema capitalista. Así la urbanización del Mundo y las luchas populares empujan fuertemente hacia el fin del capitalismo y proporcionan las bases de la implantación de un nuevo sistema, de un nuevo modo de producción.

(Una primera versión este artículo fue publicado en la revista Nous Horitzons, nº 218, que conmemora el bicentenario del nacimiento de Karl Marx).

Bibliografía citada

Anderson, P; Considerations on western marxism. Londres: Verso Books, 1976.

Bettin, G; Los sociólogos de la ciudad. Barcelona: Editorial Gustavo Gili, 1982.

Brenner, N; Implosions – explosions: towards a study of planetary urbanization. Berlin: Jovis Cop, 2014.

Carreras, C.; Morcuende, A. Marxismo y utopías: viejas y nuevas propuestas urbanas, en Benach, N.; Zaar, M. H.; Vasconcelos P. jr, M (eds.). Actas del XIV Coloquio Internacional de Geocrítica: Las utopías y la construcción de la sociedad del futuro. Barcelona: Universidad de Barcelona, 2016

Engels, F. (1845); Die Lage der Arbeitenden Klasse in England [ed. consultada en anglès, publicada a Londres: Penguin Classics, 1987, editada per Victor Kiernan]

Harvey, D; Social Justice and the City. Baltimore: John Hopkins University Press, 1973.

Harvey, D; Marx, Capital and the Madness of Economic Reason. New York: Oxford University Press, 2018.

Lefébvre, H; La révolution urbaine. Paris : Anthropos, 1970.

Lefebvre, H; La pensée marxiste et la ville. Paris : Castermann, 1972.

Marx, K. (1867); El Capital. Crítica de la Economía Política. Madrid: Siglo XXI de España Editores S.A., 1975.

Marx, K, Engels, F. (1845); La ideología alemana: crítica de la novísima filosofía alemana en las personas de sus representantes Feuerbach, B. Bauer y Stirner y del socialismo alemán en las de sus diferentes profetas. Grijalbo: Pueblos Unidos 1970.

Marx, K, Engels, F (1848); El Manifiesto del Partido Comunista. Madrid: Ediciones Akal, S.A., 1997.

Morcuende, A. Rupturas Urbanas. Aproximación a las relaciones entre morfología urbana y estructura social en la Barcelona contemporánea. El caso de los barrios de la Zona Franca. Barcelona: Universitat de Barcelona.

Santos, M; La naturaleza del espacio. Barcelona: Ariel Geografía, 1996.

Santos, M; Por uma outra globalizaçâo do pensamento único á consciencia universal. Rio de Janeiro: Editora Record, 2000.
Carles Carreras Verdaguer
Profesor Emérito de Geografía Humana de la UB. Director del Grup d’Estudis Comercials i Urbans-GECU.
Alejandro Morcuende González
Doctor en Geografía. Coordina el Máster de Estudios Urbanos Avanzados de la UB.

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