Más veintes con su octubre

Danilo Santos
Politólogo
Desantos.salazar@gmail.com

Lo que se vive en la región centroamericana empequeñece los grandilocuentes discursos que piden limosna y al mismo tiempo piden ser juzgados por la historia: ya tienen su lugar en la cúspide de la ignominia, serán recordados para siempre como como los que no se inmutaron ante la pobreza, la corrupción y la impunidad. Ese será el recuerdo de los Orlando Blanco, Morales, y duele decirlo, pero también de los Ortega y Murillo.

Los políticos, gobiernos y Estados; desde Nicaragua hasta Guatemala han fracasado. Y con ellos, la política de patio trasero de los Estados Unidos. Dicho sea de paso, ante la altanería y abusives de Trump, quisiera ver la altivez de la canciller Jovel defendiendo al país y su “soberanía”.

En fin, más allá del aprovechamiento de la realidad y circunstancias de los más desfavorecidos por un sistema atroz: la dignidad no puede ser detenida ni deportada.

El caminar de familias completas o mutiladas por la violencia o el desastre económico hondureño; es la prueba de la mala gestión pública, de la corrupción, es lo que obtiene Estados Unidos por su intervencionismo y alianzas con las élites más convenientes a sus intereses, pero totalmente nocivas para los abuelos y abuelas, padres y madres de quienes hoy ven el caminar de la mano de sus hijos e hijas, como única esperanza, solo caminar a otro lugar, según ellos, “mejor”.

No queda más que solidarizarse con quienes intentan lo aparentemente imposible, mi más sincero y fraterno abrazo a quienes caminan en busca de una vida mejor para los suyos. Especialmente a las niñas y niños. Duele carajo. Y con todo y la pútrida realidad que ya toca vivir en Guatemala, aún se está a tiempo.

A la clase política, y en este caso, a la centroamericana, que trabaja para el muy aguantador, espléndido y a veces hasta negligente pueblo de Guatemala, El Salvador, Honduras y Nicaragua; se les hace saber que han fracasado junto con el sistema. No se vale abandonar a la población a su suerte mientras piensan en sus negocios y reelecciones, ni interpretar el entramado jurídico con base en sus intereses particulares o de grupo. La gente se va porque ustedes no han sido capaces de construir históricamente un lugar digno para vivir. Lo paradójico es que quienes emigran, se van a la raíz de nuestras desgracias pensando que caminan hacia la solución de su pobreza, y lo único que pasa es que se para solapando a los inútiles “representantes” del pueblo y todo el funcionariado que ve en los gobiernos, botines. Al final la maquinaria del sistema producirá más pobreza y se vivirán nuevos dramas humanitarios ante el cinismo proyectado desde curules, sillas presidenciales y de las élites.

El reto es derrotar al sistema, no anhelarlo como salvación. Para eso, por lo menos en Guatemala, necesitamos más veintes con su octubre. Más dignidad. Más Estado laico. Más Constitución reformada y que refleje nuestra plurinacionalidad. Más equilibrio en el poder y la representación. Más humanidad.

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