¿Quién ha de beneficiarse de la compra de un iPhone? Responde Mazzucato

Ali May

El “iPhone” no sería un teléfono tan inteligente sin GPS, sin pantalla táctil o Internet. ¿Y quién financió el desarrollo de esas tecnologías? El contribuyente norteamericano, observa Mariana Mazzucato, que cree que el Estado puede ser el más audaz innovador, y que ignorar eso en la mitificación de Silicon Valley resulta “extremadamente peligroso”. Apunta que incluso la dilatada biografía autorizada de Steve Jobs escrita por el periodista Walter Isaacson “no tenía ni una página, ni un párrafo, ni una frase, ni una palabrita sobre cualquiera de estas inversiones públicas”.

Mazzucato, de 50 años, fundadora y directora del Instituto de Innovación y Fines Públicos [Institute for Innovation and Public Purpose] del University College de Londres (UCL), quiere dejar claro que no considera un parásito a Apple o gente sin importancia a Jobs y otros emprendedores. Conjuntan la tecnología existente de forma novedosa y en productos fantásticos, pero los beneficios que provienen de vender esos productos, argumenta, deberían reflejar ese esfuerzo colectivo.

“¿Por qué no tendría que conservar el gobierno algo de participación en la propiedad en algo de la fase inicial para financiar la parte final?” Esta pregunta ha creado tensión entre los economistas, hasta entre aquellos que coinciden con Mazzucato respecto a las inversiones del gobierno, afirma. “Mi modelo es un modelo de capitalismo de accionistas orientado a misión en el que el valor se crea colectivamente”.

La noción del estado empresarial — título también de un libro de Mazzucato — le ha traído muchas críticas.

“El gobierno tiene su papel financiando la ciencia básica y apoyando la investigación y el desarrollo mediante el sistema impositivo”, afirma Sam Dumitriu, jefe de investigación del Adam Smith Institute. “No creo que sus recomendaciones sobre medidas políticas se deduzcan de lo que cuenta”. Dimitriu, entre cuyos intereses se cuentan las tecnologías emergentes y las reformas fiscales empresariales, añade que “dejando a un lado la complejidad de convertir al gobierno en una empresa de capital riesgo, tener participación en empresas innovadoras reduciría de modo efectivo los incentivos de fundar o invertir en una empresa intensiva en I+D”.

Pero el modelo de Mazzucato de este tipo nuevo de capitalismo es resultado de lo que considera como uno de los problemas fundamentales de las economías modernas: la línea difusa entre la creación y la extracción de valor. “Al no plantear un encendido debate sobre ‘¿qué significa valor?’, se hace facilísimo que los creadores de riqueza se refieran a sí mismos recurriendo a estos términos, y en el proceso confundimos la extracción de valor con la creación de valor o las rentas con los beneficios”, afirma.

En su nuevo libro The Value of Everything, publicado el mes pasado en los EE.UU., Mazzucato explica el concepto de extracción de valor — también denominado como apropiación de rentas — como cobrar de más por un bien o un servicio, en lugar de producir algo nuevo, y bloquear la competencia: “Los ‘tomadores’ que se imponen a los ‘hacedores’, y el capitalismo ‘predador’ que se impone al ‘capitalismo productivo’”. Entre los ejemplos se cuentan los bancos y otras instituciones financieras que a la vista está que se benefician de actividades especulativas que se basan en poco más que comprar barato y vender caro, o en comprar y luego desmontar los activos productivos simplemente para venderlos de nuevo sin valor añadido real.

Reconoce que existe una distinción entre diferentes géneros de extractores de valor. En Wall Street o en la ciudad de Londres, hay figuras financieras que en realidad impiden el crecimiento. La historia de la Costa Oeste resulta un tanto diferente. Hay agentes productivos en Silicon Valley que reciben mucho crédito por lo que han hecho, pero parecen ocultar la verdadera historia que hay tras las demás fuentes que han hecho su aportación a ese valor.

Las opiniones de Mazzucato le han ganado también acérrimos aliados. Carlota Pérez, profesora de tecnología y desarrollo en diversas universidades, entre ellas la London School of Economics, elogia en su colega su “insólita capacidad de ver la esencia de lo que ocurre por detrás de lo que es la creencia convencional”.

“Creo que es más sólida que [Thomas] Piketty”, añade Pérez, refiriéndose al economista francés cuyo libro de 2014 sobre la desigualdad de ventas constituyó un inesperado éxito de ventas. “Su potentísima descripción de la desigualdad sacó a la luz un problema grave del siglo XXI, pero no ofrecía ninguna vía de salida, aparte de gravar fiscalmente la riqueza. El trabajo de Mariana revela la raíz de los problemas, muestra las soluciones prácticas y lucha luego por ellas, trabajando con los que toman las decisiones”.

Están tomando nota organizaciones internacionales y gobiernos. A principios de este año, la Comisión Europea publicó un informe redactado por Mazzucato con el título de “Investigación e innovación orientadas a misión en la Unión Europea” [“Mission-Oriented Research & Innovation in the European Union]”. Hoy documento legal de la UE, se le denomina “Informe Mazzucato”. Lleva asesorando al gobierno escocés desde 2016, al que ayuda a incentivar sus planes para crear un banco de inversión nacional para 2020.

Mazzucato nació en Italia un día de verano de 1968. La familia se mudo a Princeton, en el estado de Nueva Jersey, a causa del trabajo de físico nuclear de su padre. Su madre, que había sido especialista en ciencias políticas, decidió no trabajar tras su traslado, convirtiéndose en cambio en un pilar de la comunidad italiana en Princeton. Mazzucato siente su identidad como algo en conflicto.

“No me siento norteamericana en Norteamérica”, afirma. “No me siento italiana en Italia. Y decididamente no me siento británica en el Reino Unido, pero me siento muy de Londres”. Eso de no sentirse británica suena a cierto en la época del Brexit, que considera “insensato”. Licenciada por la Tufts University de Boston y la New School en Nueva York, Mazzucato fue escalando puestos académicos en el Reino Unido, y el año pasado se convirtió en profesora del UCL.

En su tiempo libre, Mazzucato todavía sigue jugando con Lego y le encanta dibujar. Tiene cuatro hijos. Como corresponde, todos han ido a colegios públicos.

Cinco preguntas a Mariana Mazzucato

¿Cuál es el último libro que ha leído? Factfulness, de Hans Rosling, que me escribió una carta muy bonita la semana antes de morir.
¿Cuál es su preocupación? Me preocupa preocuparme. Y los adolescentes.
¿Qué es eso sin lo que no puede vivir? Los abrazos.
¿Quién es su heroe? Rosa Luxemburg. Una mujer de gran complejidad, que era muy mujer, femenina, pero que luchó políticamente, que era economista.y murió por aquello en lo que creía.
¿Algo que figure en su lista de deseos? Hago mucho senderismo. Me gustaría darme una caminata sola a un pico elevado, por ejemplo, al Mont Blanc. Y no tiene que ser yendo sola.

Ali May: periodista y escritor de relatos británico, es colaborador de la revista digital Ozy
Fuente: Ozy,
Traducción: Lucas Antón
www.sinpermiso.info

Te gusto, quieres compartir