Romer y la reivindicación de la heterodoxia

Por José Domingo Roselló

Ayer la academia sueca anunciaba la concesión del premio Nobel de Economia de 2018 a los estadounidenses William Nordhaus y Paul Romer. En la nota que acompañaba al anuncio del galardón, del primero se mencionan sus contribuciones a explicar la interacción entre la actividad humana y el cambio climático, mientras que del segundo se destaca su aportación seminal a lo que luego se conoce como la teoría del crecimiento endógeno.

Sin embargo seria artificioso separar en Romer las razones explicitadas en la nota de la Academia Sueca de su trayectoria reciente, especialmente en su faceta de crítico feroz al statu quo de la Macroeconomia. Su pensamiento puede seguirse en los sucesivos post que cuelgan de su página web paulromer.net, siendo especialmente destacable el artículo “El problema de la Macroeconomía” [1]

El citado artículo está lleno de frases de una contundencia inusitada como “Los modelos macroeconómicos actuales emplean hipótesis de identidad increíbles para llegar a conclusiones desconcertantes ”.

Sin que esto signifique, en ningún caso, que la macroeconomía actual pueda descartarse de un plumazo y venir a ser sustituida por cualquier cosa que se pase por la cabeza, sí que constituye una andanada en la línea de flotación a una determinada concepción de la economía, muy extendida, que parece concebirla como un sistema de creencias, con una autoridad jerarquizada, en la que determinados postulados deben aceptarse sin cuestionamientos y que, de hacerse, estos son tratados directamente como errores.

Romer aduce en su papel que tal funcionamiento de la disciplina llega al punto de descartar datos, estudios o conclusiones obtenidas de la realidad que puedan contradecir determinados pilares fundamentales, llegando a utilizar provocadoramente el concepto de economía post-real. Lo ilustra con el ejemplo de la deflación de Vockler –llamada así por el presidente de la Reserva Federal– que tuvo lugar en los EEUU a caballo entre las décadas de los 70 y 80.

El Nobel a Romer es una admisión de que muchos de los elementos de la economía tienen una incómoda y no reconocida, componente ideológica.

Romer sostiene que a pesar de la evidencia en contra, esta se descarta y se sigue dando por cierto el postulado de que la política monetaria no tiene efectos reales, generándose teorías, modelos y artículos que siguen actuando como si dicho postulado no se hubiera falsado. A continuación, en el artículo se recorren los que, a juicio del autor, son otros problemas metodológicos de índole similar que hoy día persisten en la macro. Destaca el paralelismo que establece entre la comunidad de físicos que estudia las super-cuerdas y la comunidad de macroeconomistas, donde, entre sardónica y despiadadamente, Romer sostiene que se produce “un sentimiento de pertenencia al grupo análogo al que se produce entre miembros de una religión o de una plataforma política”.

En otro papel previo, Romer también expone lo que él denomina el “matematismo” en la disciplina. Dicho sucintamente consiste en la práctica de apoyar conceptos a veces vagos, creados ad hoc, en una formalización matemática compleja a fin de proporcionarles un andamiaje del cual la idea principal carecería. De nuevo Romer aquí tiene una frase contundente afirmando que este enfoque “permite a la política académica disfrazarse de ciencia”.

Aparte de los dos artículos mencionados, es ilustrativo del pensamiento de Romer la cadena de acontecimientos que concluyeron en su dimisión de presidente del Banco Mundial. Según el galardonado, en el influyente informe “Doing Business” del Banco Mundial, los resultados para la competitividad de Chile se habrían variado, empeorando la clasificación del país durante la presidencia de Bachelet. Romer dio a entender que la variación tenía un origen político, aunque, en puridad, se originaba en un cambio metodológico. Aunque Romer matizó a posteriori, este error supuso una desautorización que forzó su salida.

No son infrecuentes los cambios metodológicos ni es infrecuente en los grandes organismos multilaterales la confección de indicadores sintéticos que, dando cabida a una multitud heterogénea de variables, se presentan con nombres impactantes: “Facilidad para hacer negocios”, “Competitividad” y otros.

La forma más frecuente de presentar sus resultados es mediante clasificaciones de países. No son muy conocidas las evidencias de que tales indicadores presenten una imagen fiel de los conceptos que dicen reflejar, o de si su evolución tendría poder explicativo. De lo que sin duda disponen es de un importante impacto político.

Para concluir, asumiendo que la validez de la teoría del crecimiento endógeno está sobradamente acreditada, no constituye un salto excesivamente grande el entender que el Nobel también respalda sus demás contribuciones.

Romer puede describirse sin abusar del lenguaje como un ejemplo paradigmático de heterodoxia sólidamente fundamentada.

A juicio de quien escribe, es bastante inmediato plantearse cuántas otras de las “verdades indiscutibles” del paradigma neoliberal podrían someterse a la misma crítica que Romer particulariza en la deflación de Vockler.

Muchos economistas, científicos sociales y otras fuentes han puesto en tela de juicio la adecuación del enfoque, análisis y actuaciones llevadas a cabo durante los años previos, en el transcurso y con posterioridad a la gran recesión. Se acumulan evidencias que parecen merecedoras al menos de un debate o puesta en cuestión, de la idoneidad perpetua de la desregulación; de la eficacia indiscutible de los procesos privatizadores; de los beneficios que traería en términos de primaria de renta la erosión de la negociación colectiva; de la transición a modelos fiscales basados en figuras de bajo potencial distributivo y varias cosas más.

El galardón a Romer ciertamente no da la razón a los críticos en ninguno de los debates anteriores, pero si puede considerarse un espaldarazo a aquellos que reclaman tenerlos. También es una admisión de que, efectivamente muchos de los elementos de la economía tal y como hoy la entendemos y la practicamos, carecen de esa pureza científica que desde algunas instancias se reclaman, sino que tienen una incómoda y no reconocida, componente ideológica.

[1] Del cual Joaquín Estefanía hizo una recensión en ctxt.es. que se recomienda.

Romer y la reivindicación de la heterodoxia

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