Una vez más, el otro Morales siembra la división

-Marco Fonseca | PUERTAS ABIERTAS–

Mientras que un Morales se va a Nueva York para buscar la expulsión de la Cicig desde arriba, el otro Morales se queda en Guatemala para negar la necesidad de la articulación desde abajo. Ambos están en lo mismo pero desde posiciones diferentes. Es, por lo menos, lo que se desprende de la columna de opinión de Morales titulada Los cantos de sirena de la «unidad» y el chantaje moralista de los simuladores de la lucha emancipadora. Se trata de una moraleja particularmente nociva, sectarista, contra la articulación democrática y rupturista, desde abajo, que Guatemala urgentemente necesita.

Empecemos con estas preguntas: ¿Cuántas ONG le están pidiendo una alianza a Codeca? ¿Qué «izquierda rosa» le está clamando a Codeca por la «unidad del pueblo» como condición del «triunfo» de la «justicia» y del acceso definitivo a la «felicidad»? ¿Acaso Semilla está tratando de coordinar algo con Codeca? No lo creo para nada. Concuerdo, incluso con Mario Roberto Morales mismo, que es preciso tener claro lo que son y lo que hacen las ONG. Y para ello se necesita una crítica de la sociedad civil buena y permitida (ver mi más reciente comentario al respecto aquí; esto es parte de un proyecto mucho más amplio que he venido elaborando desde hace años).

Mario Roberto Morales, sin embargo, no desarrolla argumentos. Ya no puede. No los tiene. A cambio de ello hace atribuciones falsas, pone etiquetas, hace bocetos infantilistas de las luchas sociales y los pinta con crayones y, encima de todo, suena como que él toma las decisiones en Codeca. Desde esa posición privilegiada en que se ha puesto a sí mismo (o en la que lo han puesto), declara los pocos y raros esfuerzos de articulación horizontal que se están dando ahora entre lxs de abajo (es decir, para que lo entiendan hasta lxs idiotas, sin protagonismo, sectarismo y dogmatismo de los egos y liderazgos enquistados por años desde tiempos del conflicto armado interno; con protagonismo de las bases), como que ello significa «aprovecharse de que la organización campesina es mayoritaria y por ello representa votos en la próxima elección». Esta burda evaluación de los esfuerzos articuladores, de las distintas voces que buscan y luchan por dejarse escuchar, no representa un llamado de atención a los peligros o los desafíos propios de todo proceso de construcción del poder constituyente. Es exactamente lo contrario.

Ningún movimiento social como Waqib Kej, CCDA, CUC, UVOC, ASP, etcétera, ningún colectivo urbano progresista, de esos que no pueden ser categóricamente identificados, por lo menos no todavía, con las ONG financiadas por la cooperación internacional con el propósito de avanzar la agenda del «desarrollo humano» y construcción del «Estado de derecho», busca «aprovecharse» de Codeca. Si hay gente oportunista que busque aprovecharse de Codeca, dentro y fuera de este movimiento social, los procesos internos de Codeca y otros movimientos sociales deben encargarse de desterrarlos. Pero eso no se hace sembrando el miedo, la paranoia, el temor, el sectarismo y el vanguardismo, es decir, todos los viejos problemas que plagaron los esfuerzos unitarios de la vieja izquierda y que Morales parece tener toda la intención de resucitar supuestamente para el bien de un programa que no parece entender, pero que se muestra enormemente capaz de desvirtuar. Lo que alguna gente comprometida está buscando y esperando, no solo de Codeca sino igualmente de otras instancias, es la posibilidad de otro modo de hacer política, democráticamente, desde abajo. Y de esto Morales no sabe nada.

Hay que repetir esto mil veces, aunque le duela al otro Morales: por sí sola, ninguna organización o movimiento social va a hacer posible la Refundación. Ninguna tiene ni puede lograr los votos necesarios para ello. Pero, en solidaridad, horizontalidad, disciplina y con audacia, caminando juntxs sin que nadie se quede atrás, cambiamos la historia. Y esto de la articulación, por cierto, no es invención de las ONG o del financiamiento internacional. Está planteada y propuesta en todos los programas refundacionales que ya tenemos en Guatemala, programas que dejan claro que los elementos en común son mucho más importantes que las diferencias específicas.

Codeca, por ejemplo, dice lo siguiente en su propuesta refundacional titulada Guatemala, vamos por un proceso de Asamblea Constituyente Popular y Plurinacional:

Las permanentes derrotas sociopolíticas, incluso militares, sufridas en la segunda mitad del siglo pasado, nos han afianzado un hundimiento psicológico colectivo en los sectores excluidos. Incluso la tradicional «vanguardia» de la izquierda neoliberal subsiste hundida en la autoderrota de «no podemos», «nos derrotarían», cuando se les plantea la necesidad de articular fuerza social para impulsar un proceso constituyente para las transformaciones estructurales del país (p. 26, énfasis agregado).

Yo creo que el otro Morales es precisamente una de esas expresiones tradicionales, vanguardistas, de la izquierda ortodoxa chapina que está hundida en la autoderrota y que no ve modo alguno de salir de la misma más que como vencedores absolutos e infalibles vanguardias.

Waqib Kej, por su parte, dice en su propia propuesta refundacional titulada Demandas y propuestas poli?ticas de los Pueblos Indi?genas de Iximulew. «Caminando hacia un proyecto poli?tico para la reconstitucio?n del Buen Vivir y la fundacio?n de un Estado Plurinacional»:

Estamos convencidos que ya no queremos relacionarnos con el Estado de la manera tradicional: como ciudadanos de u?ltima categori?a. Queremos una relacio?n en donde nosotros, como Pueblos Indi?genas, como sujetos colectivos, seamos parte esencial en la transformacio?n del Estado y en su conversio?n a un Estado Plurinacional. Para ello iniciaremos buscando la interlocucio?n con el Estado actual, pero tambie?n con diversos sujetos integrantes de la sociedad guatemalteca con quienes compartimos objetivos, asi? como con aliados interesados en resolver los problemas histo?ricos y estructurales de Guatemala, como las organizaciones y movimientos sociales, comunidades en resistencia, universidades, entre otros actores y sectores (p. 57).

La lucha por la Refundación no desplaza la lucha de clases. Todo lo contrario, es expresión de la misma, pero de ninguna manera como lo entiende la gente manualera como Morales. Para Morales, el carácter abigarrado y complejo de las luchas sociales implica «agendas con reivindicaciones meramente culturalistas, las cuales evaden la lucha de clases y trasladan esta contradicción radical y básica hacia los enrarecidos aires de la superestructura legalista, judicialista y moralista». Esto es un argumento extraído directamente de los viejos manuales simplistas de marxismo-leninismo (donde «la base económica determina la superestructura cultural, política y legal», bla, bla, bla) que Morales usa cuando le conviene.

Este tipo de diatribas no avanzan el debate. Todo lo contrario. Lo retrasan y, además, siembran división entre las luchas refundacionales en el momento en cual más se requiere su articulación y su audacia.

Una situación histórica compleja –como son, en efecto, todas las situaciones donde está en juego tanto un proceso de acumulación como uno de hegemonía– requiere de un análisis no menos complejo, y las simplificaciones conceptuales y estrategias prácticas que de ellas se derivan no ayudan, sino que obstaculizan el curso de la lucha. En mi propio trabajo he ofrecido una crítica gramsciana no solo a los conceptos tradicionales de hegemonía e ideología, sino que también a las simplificaciones y ortodoxias en cuanto a la relación base/superestructura, al «acto político» y construcción del Partido de la Refundación (ver, como mínimo, las siguientes tres piezas: Hacia el partido de la refundación; ¿Sociedad civil o poder constituyente?; La crítica gramsciana a la sociedad civil y los desafíos de la refundación del Estado).

En mi ensayo Hacia el partido de la Refundación (2015), escribí que:

En Guatemala se esta? dando una crisis de re?gimen (la crisis de autoridad), una crisis orga?nica del Estado (la crisis de legitimidad) y una crisis de hegemoni?a (la crisis del modelo de dominacio?n como un todo) que ha “generado las condiciones para la articulacio?n de un discurso dicotomizador capaz de construir con los materiales ideolo?gicos nuevos” del evento un sujeto popular-nacional combinado –entre lo cata?rtico/rizoma?tico y lo organizado/disciplinado– enuna “guerra de posiciones” frente a las élites. Se trata de una dicotomi?a entre el movimiento y el partido, entre lo rizoma?tico y lo organizativo que tiene que ser integrada, encausada y promovida –pero no superada ni suprimida– por el partido de la Refundacio?n para darle viabilidad histo?rico-pra?ctica a su idea apasionante y movedora.

Más recientemente, en mi ensayo Hegemonía, ruptura y Refundación (2018), volví a indicar que «cuando Gramsci habla de romper con el Bloque Histo?rico existente, nos esta? hablando de romper con esa caverna de la normalidad, romper con el proceso hegemo?nico, y de hacerlo por medio la articulacio?n rizoma?tica de “elementos voluntarios y organizativos”, rizoma?ticos y organizados, esponta?neos y disciplinados».

Los simplismos ortodoxos que esgrime Morales en defensa de un vanguardismo ya superado no solo van totalmente en contra del tipo de argumentos que requiere una articulación rupturista y un proyecto refundacional. Son, de hecho, más peligrosos todavía. Siguiendo a Gramsci podemos decir que «si la filosofi?a de la praxis excluye la historia e?tico-poli?tica, o sea, si no reconoce la realidad de un momento de la hegemoni?a, no da importancia a la direccio?n cultural y moral y juzga realmente como “apariencias” los hechos de superestructura», entonces no es filosofía de la praxis, sino que es, de hecho, una forma de hegemonía disfrazada de crítica, operando para dividir y desactivar las fuerzas de la Refundación.

Fuente: http://gazeta.gt

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