“¿Populismo? Cosa de ricos”. Entrevista con Branko Milanovic

Branko Milanovic

En los Estados Unidos y Europa, el viento que viene de abajo y castiga a los progresistas contiene una paradoja: favorece a quien está mejor. El diagnóstico de Branko Milanovic, economista serbo-norteamericano, jefe de filas de los estudios sobre desigualdad. Lo entrevista Roberta Carlini para el semanario italiano L´Espresso.

La palabra “populismo” no la usa con agrado, pero sobre el diagnóstico de lo que está sucediendo en la política norteamericana y europea no tiene dudas: es la reacción, dentro de las fronteras del mundo rico a un gran cambio que llega de fuera de sus confines. Pero la revuelta que viene de abajo está llevando a una paradoja «la combinación entre populismo y políticas a favor de los más ricos: se ve en los Estados Unidos con Trump, en Italia con la “flat tax” [tipo fiscal único]». Este es el diagnóstico de Branko Milanovic, economista serbo-norteamericano, jefe de fila de los estudios sobre desigualdad, a los cuales imprimió un giro dando al fenómeno una visión global. Suya es la famosa “curva del elefante”, ilustrada en Roma delante del auditorio del Foro Desigualdades Diversidad: gráfico que desmiente la visión corriente de la desigualdad, como una tijera que se abre, entre una minoría de ricos cada vez más ricos y un ejército de pobres que crece, mientras desaparecen las clases medias. Si miramos todo el globo, dice Milanovic, la curva de las desigualdades asume la silueta del elefante: en la joroba que crece está el ascenso de los pobres de China e India y la formación de la nueva clase media asiática; luego hay una bajada empinada, la parte que baja de la trompa sobre la que se precipitan ruinosamente las clases medias occidentales. Y un pico final, el de los super-ricos de todo el mundo que saltan hacia arriba. Roberta Carlini

El nuevo gobierno italiano ha resultado elegido sobre la base de un programa que combina renta básica y “flat tax”. ¿Qué piensa de ello?

Estas dos medidas políticas aparecen juntas sólo por motivos políticos. La propuesta de la renta básica proviene de los Cinco Estrellas, que piensan sobre todo en la población del Sur, la de la “flat tax” de la Liga Norte. A la parte más pobre de la población debería gustarle la renta básica, a la más rica la “flat tax”. La combinación de ambas no se ha visto antes.

Si tengo que valorar cada una de las dos por separado, no estoy a favor de ninguna de ellas. La renta básica implica el cambio de la filosofía del Estado del Bienestar, dado que no podrían mantenerse todos los programas de bienestar que ya existen en Italia y sumarles la renta básica: sería demasiado caro. Con lo cual se podría llevar a cabo la renta básica, pero al mismo tiempo decidir qué cortar: prestaciones de desempleo, pensiones, no sé, pero está claro que es imposible tenerlo todo. Y personalmente no creo que sea deseable que la gente disponga de un ingreso sin buscar ni siquiera trabajo, creo que es algo fundamentalmente desincentivador.

Pero en la propuesta del Cinco Estrellas, la renta básica queda condicionada a la disponibilidad para trabajar.

Pues entonces no es tan distinta del sistema de prestaciones de desempleo. En cuanto a la “flat tax”, creo que es esencialmente una vuelta al siglo XIX, la justificación que oigo en Italia es que aumentarían los ingresos: los ricos ya no tendrían ganas de evadir, porque tienen que pagar menos. Pero también esto cambia del todo la filosofía del Estado del Bienestar, que es que los ricos deben pagar proporciones mayores de los ingresos propios para financiar los gastos sociales. El Estado del Bienestar se ha basado siempre en asumir la redistribución, con una “flat tax” ya no hay redistribución, lo cual significa volver atrás a la situación que existía en el siglo XIX. Estoy totalmente en contra. En cuanto a la mezcla de la renta básica más la “flat tax”, es algo nuevo: no sé que puede salir de eso. Los pobres perderían algunas prestaciones sociales, substituidas por la renta básica y los ricos pagarían menos impuestos.

Propone usted políticas nacionales contra la desigualdad. ¿Cuáles?

Le doy dos ejemplos. El primero se refiere a la educación: no se trata tanto de aumentar la cantidad sino la calidad, y de hacerla pública y con igual acceso para todos. Esto vale sobre todo para los Estados Unidos, donde las universidades privadas, accesibles a unos pocos, no sólo son mejores sino que se hacen cada vez más fuertes, puesto que los ricos hacen sus donaciones y además reciben descuentos fiscales gracias a ello. La segunda política va por el lado de la riqueza: las rentas de capital y los patrimonios se concentran de modo oneroso en manos de unos pocos, en Italia el 10 % más pudiente posee el 80-90 % de la riqueza fiinanciera. Esto lleva automáticamente a un enorme aumento de la desigualdad. Para combatirla, hay que hacer varias cosas: otorgar ventajas fiscales a los pequeños inversores, incentivos a las sociedades que distribuyan cuotas a sus trabajadores y, en suma, dotaciones de capitales a los jóvenes, como “la herencia de ciudadanía” propuesta por el gran economista Tony Atkinson: a saber, dotar a los jóvenes, cuando llegan a los 18 o 20 años, de un dinero que pueden gastar o ahorrar, o usarlo para estudiar, también esto reduce la desigualdad. Esto no responde a todos los problemas, por ejemplo, qué hacer con los trabajadores que pierden su trabajo porque su empresa se va a Eslovaquia, pero creo que estas emergencias se pueden afrontar con los instrumentos existentes de apoyo para el desempleo o la recualificación.

¿Y qué piensa del impuesto patrimonial propuesto por Piketty?

Sería útil, va en la misma dirección, la de reducir la desigualdad en la riqueza, y mediante esta vía reduciría también la concentración de los ingresos. Pero no estoy seguro de que pueda realizarse de manera concreta, por eso no lo he mencionado y he propuesto dos grupos de medidas, a escala nacional, para reducir las desigualdades en capital humano y en capital financiero.

¿La clase media ya no existe o sólo se ha desplazado?

Si miramos las desigualdades desde un punto de vista global, comprendemos que hay interdependencia entre las diversas partes del mundo, por ejemplo, que el crecimiento de la clase media en los países de Oriente tiene un impacto directo sobre las claeses medias en Italia. Puede suceder que el declive de las clases medias en el mundo occidental haya sido esencialmente el precio a pagar por el ascenso de las clases medias en China. La cuestión es: las personas que se ven sacudidas por la globalización, el cambio tecnológico, las migraciones, se ven sacudidas por procesos que tienen lugar fuera de las fronteras de su propio país, pero el único lugar en el que pueden manifestar su disentimiento es el país en el que viven. Así se crea un dualismo, tus salarios se ven determinados y cada vez lo serán más por la competencia con el resto del mundo, y políticamente el único lugar en el que puedes tener voz es el país en el que vives. Y este dualismo crea muchos problemas.

¿Nace de aquí el fenómeno que comunmente llamamos populismo?

No son muy fan de la definición “populismo”: cuando hablamos de este fenómeno debemos tener en cuenta que es una reacción a algo que ha sucedido. En otras palabras, hay desacuerdo entre personas como yo, que dicen que el populismo que vemos en Europa y en los Estados Unidos es la reacción a hechos y problemas económicos efectivos, y otros que acusan al populismo de xenofobia y racismo. No tengo ninguna duda respecto al hecho de que hoy las manifestaciones del populismo sean de este tipo, pero las razones de su crecimiento han de buscarse en la ausencia de mejorar económicas para la mayoría de la población. Y es importante mirar las causas del fenómeno, puesto que esto debería llevarnos a tomar en serio el descontento de las personas golpeadas por la globalización y el cambio tecnólogico y desarrollar políticas – a escala nacional – que mantengan la globalización, pero mejoren las posiciones de quienes se han quedado atrás.

Branko Milanovic: es un economista serbio-norteamericano. Especialista desarrollo y desigualdades, es profesor visitante en el Graduate Center de la City University of New York (CUNY), así como investigador titular en el Luxembourg Income Study (LIS). Anteriormente, fue economista jefe en el Departamento de Investigación del Banco Mundial.
Fuente: L´Espresso, 12 de julio de 2018
Traducción: Lucas Antón

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