El factor chino contra la CICIG

Por Mario Rodríguez

El análisis de la política exterior de los Estados Unidos, con Trump en la Casa Blanca, es complicado. Más cuando sus líneas estratégicas no respetan acuerdos bipartidistas previos, ni políticas asumidas por otros inquilinos de la Casa Blanca.

El caso de la CICIG y principalmente de Iván Velásquez, es otro ejemplo de la cambiante política exterior norteamericana. El repentino, pero no sorpresivo apoyo al pacto de corruptos y su anuencia públicamente expresada para desbaratar tres años de trabajo contra la corrupción y la impunidad en Guatemala no tienen una explicación lógica, pero si geopolítica.

El mensaje del secretario de Estado de Estados Unidos, Mike Pompeo, llamando a la creación de una “CICIG renovada” es la culminación de hechos coincidentes, que valieron al pacto de corruptos un cambio en la correlación de fuerzas al interior del país. El factor determinante fue la amenaza del gobierno guatemalteco por desconocer a Taiwán y establecer vínculos diplomáticos con la República Popular China.

Estados Unidos se encuentra enfrascada en una guerra comercial con China de consecuencias impredecibles para la economía mundial. En medio de ese enfrentamiento se manifiestan las diferencias políticas entre Beijing y Washington sobre Taiwán, y la influencia que China está logrando en América Latina.

La decisión asumida por el gobierno salvadoreño del FMLN, de romper con Taiwán y establecer relaciones diplomáticas con China Popular, provocaron que el departamento de Estado emitiera una advertencia muy seria a El Salvador. Según dice el comunicado, la decisión se tomo de manera poco transparente y “afecta directamente el bienestar de la economía y la seguridad de toda la región”.

Taiwán es una herencia de la guerra fría que sigue presente en la actualidad y cobra mayor relevancia en la disputa comercial que tienen las dos economías más grandes del mundo. A la isla disidente, solo le queda el apoyo de 17 países, y en los últimos dos años, importantes países de Latinoamérica rompieron sus vínculos diplomáticos.

En la actualidad existe una propuesta de ley presentada por senadores demócratas y republicanos para ayudar a Taiwán a mantener sus actuales aliados. Con esta acción, Estados Unidos manda un mensaje claro a China para tratar de frenar su política de expansión y de paso sacrifica su estrategia en el triángulo norte por un objetivo superior: neutralizar la interferencia asiática en la política de América Latina.

Para tranquilizar a Taiwán el propio presidente del Congreso guatemalteco, miembro prominente del pacto de corruptos, viajó a la isla para ratificar el compromiso de Guatemala para mantener los vínculos diplomáticos con ellos, sacrificando los esfuerzos que desde el CACIF y el ministerio de exteriores de Guatemala llevaban a cabo para el establecimiento de relaciones con China.

A cambio de revertir esa desición, Estados Unidos aceptó el rompimiento del convenio con la CICIG, la expulsión de Iván Velásquez y la rebaja de la tensión en la persecución penal en contra del pacto de corruptos, y principalmente en contra del propio presidente. En otras palabras, Estados Unidos se comprometió a sostener al gobierno de Morales hasta el final.

La carta utilizada por el gobierno de Jimmy Morales para cambiar la opinión del gobierno de Estados Unidos sobre la CICIG fue presionar con el tema de China, apoyándose en el cambio de sede diplomática en Israel meses antes, gano en credibilidad al ofrecerse como un aliado servil, siempre y cuando reconozca la impunidad de sus gobernantes.

El desarrollo de los acontecimientos determina que la restauración del Estado seguirá siendo conducida por la derecha más rancia y extremista de América Latina. No habrá choque de oligarquías cómo se dice, más bien, se confiará el mantenimiento de la estabilidad y la profundización del régimen corrupto y cooptado, a la misma vieja política que ha configurado esta situación, ahora bajo la tutela de una oligarquía más unificada que nunca y el control y donducción del ejército del poder ejecutivo. Ver los acuerdos asumidos con los caficultores, pronacon, la expansión minera y el apoyo al comercio exterior, así como las ampliaciones al presupuesto del ejército para ratificar esta tendencia.

Desbaratar el trabajo de la CICIG apunta específicamente a eliminar las trabas que existen en el sector justicia, en contra de esos actores corruptos que hoy se ven limitados en su accionar. Por eso, el gobierno de Jimmy Morales, en conjunto con el pacto de corruptos, el ejército y el CACIF, van a profundizar sus acciones, tensando la cuerda hasta donde se pueda para lograr tres objetivos.

Primero, frenar los casos judiciales en contra del presidente y los funcionarios de su gobierno, implicados en corrupción y financiamiento electoral ilícito, eliminando toda injerencia de la CICIG
en los casos judiciales y consolidando cortes más afines. Segundo, inhabilitando a los contrincantes políticos que ahora mismo se perfilan como alternativa en las próximas elecciones, garantizando así la continuidad en la candidatura de Arzú hijo para ganar la presidencia y tener la certeza de la impunidad de su lado. Y tercero, profundizando en el modelo económico a través de la reactivación del entramado corrupto que tanto beneficia al CACIF y sus empresas, y conduciendo los fondos del Plan para la Prosperidad hacia el apuntalamiento de su visión de país.

Sobre esa base se sostiene la alianza corrupta que hoy busca refundar el Estado, sobre la misma estructura que ellos han creado, aspecto que piensan lograr con un golpe técnico.

El gobierno de Guatemala sabe que tiene una oportunidad de oro para garantizar impunidad para el presidente, así que, apuesta por mantener la ofensiva, hasta donde le permita el gobierno de Estados Unidos llegar. Sabe que ahora tienen mucho espacio de maniobra y hará todo lo posible por obtener el mayor beneficio posible. La estabilidad del gobierno no está en juego, ni tampoco su continuidad, más bien, esta en juego el cambio sustancial que genero el accionar de la CICIG y el MP en la justicia y en la política de este país.

Para Estados Unidos será un costo muy alto el que deberá pagar. Su estrategia en el triángulo norte extendida a Nicaragua, hace agua con esta decisión. Pero su valoración sobre China y su política de enfrentamiento y contención sobre esa nación, pesa más que los intereses de países como Guatemala.

Así las cosas, la corrupción como factor de poder, se consolida para garantizar la continuidad del estado neoliberal y profundiza de esa manera el dominio de las narco estructuras existentes en el entramado económico del país renovando el poder que el ejército gozó durante la guerra interna. Una alianza en dónde el único perdedor es el pueblo guatemalteco.

Ese fue el riesgo de confiar en la Casa Blanca, cuando a ese gobierno solo le interesan sus propias cuestiones.

Sacrificar la lucha de tres años contra las estructuras corruptas tendrá un costo muy alto para Estados Unidos y significará un retroceso para el país, con un costo aún mayor en lo social y en lo político, que tendrá repercusiones en el mediano y largo plazo para todos.

Por ahora, el país deberá resolver sus problemas a partir de la movilización social y el enfrentamiento directo contra la oligarquía corrupta y la vieja política que buscan a toda costa salvar el pellejo y mantener sus privilegios.

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