Agua: ¿una mercancía más?

Edi D. López S.
En los tiempos que vivimos, varios ante la pregunta del título de este artículo, dirán que, efectivamente el agua hoy por hoy debe considerarse como una mercancía, fundamentándose en la teoría clásica de la economía, en el sentido que la escasez debido a la gran demanda de este recurso, es mucho mayor que la oferta, por ello la racionalidad económica indica que se le debe poner precio; y lo que tiene esa expresión monetaria, es por definición una mercancía, por allí la lógica.

Ahora bien, para mucha gente, especialmente la que radica en el ámbito comunitario, el área rural no se concibe esta lógica, el contacto con la naturaleza, ríos, nacimientos, hace que, culturalmente se asuma como un recurso natural, que es gratuito, un regalo de la madre naturaleza; es desde esta perspectiva como se puede entender el hecho de que la gran mayoría de municipalidades subsidia el servicio de agua, lo cual relativamente no es mayor problema cuando el sistema funciona por gravedad, pero cuando hay que bombear, el costo en energía eléctrica y/o combustibles, es un cargo fuerte para las municipalidades que, no les permite realizar otros proyectos necesarios en su territorio. En caseríos, aldeas la gente paga una tarifa únicamente en función del mantenimiento del sistema, y debido a los niveles de pobreza dicha tarifa es mínima.

Cuando se analiza el uso del agua en actividades productivas, nadie duda de la importancia de este valioso recurso natural, los propietarios de las grandes extensiones agrícolas, plantas industriales, en el caso de Guatemala, no pagan un centavo por el uso del agua. Ello se debe a la inexistencia de una Ley General de Agua, en donde precisamente se debería normar el uso y pago por usos productivos; es en la producción de azúcar, café, banano, y demás productos de exportación y en la industria de bebidas y cerveza, así como en la actividad minera de extracción de oro y plata, en donde el país deja de percibir cantidad importante de recursos económicos, por el uso del recurso hídrico; sin olvidar las hidroeléctricas. Cuando se analiza los beneficios económicos del uso gratuito del agua, es que se entiende el por qué en el Congreso del país, no se aprueba la necesaria Ley General de Agua, evidentemente hay grandes intereses económicos de una minoría que, prefiere el actual status quo.

Considerando lo anteriormente señalado, varas organizaciones especializadas en el tema, concluyen que, el agua tiene una doble connotación, es un recurso natural y también es una mercancía. Recurso natural, para uso doméstico y la producción de alimentos en los pequeños y medianos productores; mercancía -para lo cual debe hacerse la evaluación económica- en las actividades económicas que, tengan uso intensivo del mismo.

Importante traer a colación la concepción de usos del agua, en procesos como, la Iniciativa Ciudadana de Ley General de Aguas (IC-LGA) en México, la cual va encaminada a construir un gobierno del agua basado en los principios ético-políticos de sustentabilidad, equidad y participación.

Principios ético-políticos: establece nuestra responsabilidad de asegurar el acceso al agua tanto para las comunidades humanas como para las demás especies y los ecosistemas.
Principio de equidad: establece la obligatoriedad del Estado de garantizar el acceso de la gente al volumen mínimo necesario para cubrir sus necesidades cotidianas, independientemente de su poder adquisitivo, edad, género y lugar de residencia.

Principio de participación: postula que es en lo local, en la gestión de los manantiales, arroyos, pozos y tomas de agua, en cada comunidad o colonia, donde pueden potenciarse los saberes de la gente, sus formas de organización y sus mecanismos para planear, conducir y supervisar la gestión del agua. Existe aquí una apuesta por descentralizar los saberes y el poder.
La IC-LGA establece prioridades de uso y destino del agua, colocando en primer lugar a los propios ecosistemas, en segundo al consumo personal doméstico y, en tercero, a la soberanía alimentaria. Las concesiones quedarían supeditadas a la disponibilidad del líquido una vez cubierto lo prioritario.

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